SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

sábado, 18 de julio de 2009

DIARIO DE VIAJE: TÍBET (VII)

CUMBRES BORRASCOSAS o GOOD BYE LHASA
(14-15-16- Mayo-2009)



Nos hemos levantado temprano pero ya había salido un sol radiante. Emprendemos nuestra ruta hacia el norte. Nos desplazamos por el altiplano de Changtang en nuestro 4x4 y en ocasiones podríamos pensar que somos los únicos habituales de la tiera si no fuera por las manadas de yaks que se ven en los valles, las negras tiendas solitarias de los nómadas junto a los rios o los campesinos que aran la tierra con una yunta de yaks de cuernos adornados con katas o borlas de color carmesí.
El paisaje cambia a cada momento. Ahora atravesamos un elevado paso de montaña para inmediatamente despues descender al fondo de una llanura enmarcada por gigantes montañosos de cumbres nevadas. en este lugar del mundo nacen algunos de los rios mas sagrados del mundo, riachuelos de diferentes caudales, como venas en un cuerpo humano, recorren el altiplano para converger en en las fuentes de los rios Yangtsé (Drichu-para los tibetanos), el Indo (Sengue Khabab) o el Brahmaputra (tsangpo) que en su desembocadura junto al Ganges crea el delta mas grande del mundo. Según avanzamos el clima cambia. Salimos de Lhasa con un dia soleado y un cielo despejado que poco a poco se va poblando de grandes nuves blancas que se espesarán mas cuanto mas nos acercamos a nuestro destino. Dentro del Jeep hace frio. Fuera comienzan a aparecer las primeras zonas nevadas. De vez en cuando paramos paraa orinar o hacer alguna fotografía. El clima se vuelve invernal.



Las cinco horas se nos han pasado volando mientras nos faltaban ojos para retener para el recuerdo todo el paisaje que desfilaba ante nuestras retinas. Nuestro chofer ha amenizado el viaje con musica tibetana moderna (que llevaba en su lapiz de memoria) y que ahora creemos que es la mejor banda sonora para este viaje. (Digo ahora por que es algo nuevo...llegaremos a empacharnos de esta música que nos la pondrá sin descanso siempre que subamos al coche...mientras escribo algunos estribillos aun me vienen a la memoria...). Además, de vez en cuando comenzamos alguna charla a cuatro sobre usos y costumbres: Mael le traduce al guia lo que yo digo, el guia se lo traduce al chofer...el chofer contesta al guia, el guia le traduce a Mael y Mael a mi (cosa que no es muy necesaria por que el ingés de nuestro guia es peor que el mio, que ya es decir)...en fin cuanta riqueza linguistica en tan poco espacio...cuanto contenido se perderá en estos ir y venir de traducciones free.

Llegamos al lugar en el que un gran arco en mitad de la nada (una nada muy nevada a propósito)marca la entrada al lago sagrado Nam-tso, a 4.500 metros de altitud. Un inmenso lago salado que junto a los otros que hay en Tíbet son testigos de una época en que estas tierras aun no habían comenzado a elevarse por la presión de la placa tectonica del continente indio sobre la euroasiática y permanecían cubiertas por océanos. Junto al arco una caseta para comprar las entradas de acceso.



Varios jeep con turistas chinos y japoneses están parados junto a la caseta y mientras los chofers hablan con la policía. No se nos permite continuar avanzando debido a una tormenta de nieve. Nuestro guia y nuestro chofer se unen a la tertulia. Un grupo de turistas japoneses que vienen del lago con cámaras de TV nos enseñan lo que han grabado: la carretera cubierta de nieve y una tormenta violenta que no permite ver mas allá de unos pocos metros. Pienso que se podría entrar si tubieramos cadenas para las ruedas del jeep, pero este detalle técnico se desconoce en estas latitudes. Vagabundeamos un rato y nos sentimos astronautas en el espacio debido a la altitud. Planteamos la opción de dormir en el pueblo cercano y volver a intentar entrar por la mañana, pero la policia nos dice que probablemente mañana tampoco se podrá entrar. Mierda, mierda, mierda. Este es uno de los parajes mas hermosos del mundo y nos quedamos a unos pocos kilómetros de poder verlo. Nos vamos a comer al pueblo cercano. Guia y chofer nos llevan al restaurante de una china que está sucio como pocos. Mael y yo reimos al imaginar a nuestras madres sentadas en aquellas sillas llenas de manchas frente a la grasienta mesa. Pensamos que sufririan un ataque de asco tal que las llevaría a la tumba. Pedimos setas y arroz con verduras. Siempre que se entra a un bar te ofrecen agua caliente que en este caso rehusamos tomar por su color oscuro.

Chofer y guia pretender seguir el itinerario marcado al pie de la letra y como no podemos entrar en el lago quieren que pasemos el resto del dia y de la noche aquí. Convenzo a Mael de no perder un dia aquí y de hacer hoy lo que pretendíamos hacer mañana. Lógicamente guia y chofer no están muy de acuerdo pero le digo a Mael que tenemos que sacar nuestra vena de "jefes" y no sugerir sino ordenar (un poco facha?si, pero nosotros pagamos). Así pues, próxima parada, Monasterio de Reting.

En este trayecto nuestras sospechas, infundadas, se hacen realidad: ni chofer ni guia estubieron antes en estos parajes. Sin embargo, vencida su primera resistencia de nuevo están simpáticos y me ofrecen parar siempre que quiera a hacer fotografías, cosa que no tardo en utilizar al ver una manada de buitres devorando a un Yak. Hablamos de morir en Tíbet. Aqui, debido a la altitud a penas hay vacterias para descomponer un cadaber y tampoco hay leña para quemarlos. Se llevan a los monasterios donde la familia y los monjes realizan una serie de ceremonias, luego la familia se marcha y los monjes hacen trocitos el cadaver para posteriormente subirlo a una zona alta de la montaña para que pueda ser comido por los buitres. Para los tibetanos la muerte no es el fin y el cuerpo sin vida es tan solo una cáscara vacía.

Comenzamos aquí una de las partes mas fascinates de nuestro viaje pues los próximos kilómetros los haremos por lugares tan poco transitados que no hay caminos ni carreteras. Varias veces nos perdemos y el chofer a la que ve un grupo de campesinos se acerca para preguntar por el camino correcto. Con el mismo fin entramos en minusculos pueblos con gran espectación y curiosidad hacia nosotros por parte de sus habitantes.



El monasterio de Reting se descuelga sobre la ladera de una montaña cuyos árboles (de los pocos que vemos en Tíbet) castigados por los fuertes y áridos vientos tienen los troncos retorcidos creando caprichosas o fantasmagóricas formas. La montaña baña sus faldas en un rio de ancho caudal con algún islote poblado de solitarios árboles. Las margenes del rio están repletas de basura.


Antes de subir al monasterio tenemos que acreditarnos y enseñar nuestros permisos en un puesto de policia. Mientras esperamos en el jeep yo salgo a hacer fotografias y a Mael se le acerca un monje jóven, casi un niño, que le ofrece algo. Mael (atrincherado en erl 4x4) no lo quiere coger por que cree que puede ser algún tipo de droga...miro a mi alrededor y dudo de que aquí pueda haber un monje camello, básicamente se moriría de hambre. Nuestro guia vuelve, habla con él, recoge lo que el monje le entrega y nos lo dá, son unas semillas para la buena suerte.


Subimos al monasterio. Muchas de las partes mas altas están en ruinas. Ni un solo turista, es un monasterio tranquilo de no ser por los monjes jóvenes que suben y bajan en moto.

Visitamos una capilla y el monje que nos la enseña me dice que no haga fotos por que es muy sagrada, bajo la toga le suena una musiquilla, se retira a un rincon a leer y contestar su mensaje de móvil. En otra capilla un grupo de monjes jóvenes hacen un mandala con arena de colores.
Cuando vamos a visitar las otras capillas están cerradas y nuestro guia con su actitud pasiva de llegar, ver y partir cuanto antes nos dice que no es posible visitarlas "por que están cerradas". Claro, eso ya lo veo, pero no es un argumento. Le pido a Mael que le traduzca (textualmente, que siempre tiende a suabizar) que hemos recorrido un camino muy largo para llegar hasta allí, que nos han cobrado por ver el monasterio y que ¡queremos ver el monasterio! Se vá a hablar con los monjes y enseguida aparece uno con llaves para enseñarnoslas.


Pequeñas, hermosas y tristes, sobre todo por sus pinturas oscurecidas por el humo de las velas o descascarilladas y desprendidas debido a la humedad. Cuando terminamos de verlas mandamos al guia con el chofer y Mael y yo visitamos el resto del monasterio solos. Odian esperarnos pero es lo que hay. En el monasterio vemos monjes muy jóvenes incluso niños que se acercan a nosotros con miedo ¿tendran prohibido hablar con extranjeros? Reting, por su aislada paz y por no ser objetivo de turistas, será uno de los lugares mas hermosos que visitemos.




La peor parte del día esta por venir, antes de anochecer tenemos que estar en monasterio de Tidrum (un monasterio de monjas) donde haremos noche y nuestros acompañantes no tienen mucha idea de como llegar.

El paisaje sigue siendo sobrecogedor, pero algunas horas despues de haber avandonado Reting comienza a oscurecer y no hay señales de nuestro monasterio de destino. Aun así nuestro guia nos propone parar a cenar en una pequeña población que pasamos. Me niego, cenaremos cuando hallamos llegado a Tidrum. Cuando se hace de noche preguntamos, como niños impacientes, si aun queda mucho. Unos 30 kilometros dice nuestro guia. Serán los 30 kilómetros mas largos de nuestra vida, por que de hecho nos ha dicho una cifra al azar. Ascendemos por un camino que repta junto al barranco que excabó el cauce de un rio...oigo el rio, pero no veo el fondo. Nuestro jeep lleva luces cortas y justo en este momento de trayecto, hemos hecho kilómetros sin cruzarnos con un solo coche, comienzan a pasar camiones y tractorcitos cargados de gente en dirección contraria. Las luces de estos veículos escandilan a nuestro chofer que para dejarles paso se echa a un lado...el del barranco. Mael me dice que me ve nervioso, me sudan las manos, le explico que tengo dos motivos: estamos ascendiendo mucho en poco tiempo por que mi cuerpo lo nota en la falta de oxígeno y en la presión sobre la cabeza, pero lo peor es que cada vez que el chofer deja paso a otro veículoy se sale del camino pierdo de vista el suelo bajo mi ventanilla y al iluminarnos el veiculo que pasa en dirección contraria solo veo un abismo sin fondo bajo mi ventana...no hay mucha opción a error la verdad.












Llegamos a un lugar en el que podemos enterder el tráfico nocturno. Se trata de un asentamiento de nómadas que aparentemente cada año por estas fechas suben a esta montaña en busca de plantas medicinales. La policia no les deja continuar por que hay una tormenta de nieve mas arriba. Los nómadas, lejos de la idea romantica de desplazarse en yaks, lo hacen en motos, camiones y sobre todo en mini tractores con remolques que llenan tres veces mas de lo que deberían y encima viajan sus familias. Hay tiendas de nómadas montadas por todos sitios y fogatas en las que se prepara comida y en torno a las que se calienta la gente. Cientos de caras se pegan a nuestros cristales. Guia y chofer se bajan del coche para enseñar nuestros permisos y pasaportes a la policia. Mientras yo rezo secretamente para que no nos permitan continuar el viaje y tengamos que pasar la noche en el campamento con los nómadas. No solo es por la experiencia sobre todo es por el temor a continuar ascendiendo por esta montaña tanto por el mal de altura como por el barranco. La policia nos deja pasar, lo único bueno es que ahora el barranco está enel lado de Mael. Dicen que solo nos quedan unos minutos para llegar, pero es el tramo con mas curvas. Mael comienza a sentirse mal, no sabemos si por la altitud o por mareo. Yo tambien me encuentro algo aturdido por la altitud, pero lo niego.

Por fin llegamos al monasterio. Es noche cerrada. Hace un frio que pela. Lo único que se ve es un cielo lleno de estrellas y ventanas iluminadas en un amarillo oscuro por toda la montaña. La visión tiene una belleza mágica. Bajo nuestros pies cruje la nieve convertida en hielo al romperse.

Nos atiende una monja que guiada de una linterna nos hace cruzar puentes de madera y ascender escaleras congeladas. La hospedería esta completa, así que nos alojarán en una habitación de las monjas. Se trata de una habitación excabada en la roca y con olor a Yak, a pesar de que tiene seis camas dormiremos solos. Sobre las camas montañas de mantas y edredones. Tras acomodarnos vamos al comedor a tomar algo. Mael se encuentra peor, sale y vomita. No tiene ganas de cenar así que por solidaridad yo tampoco ceno. Compramos agua.


Guia y chofer se acercan a nuestra mesa y hablamos sobre el día siguiente, segun ellos mañana vamos desde aquí directos a Lhasa. Les explicamos que están equibocados, que de camino hemos de parar para ver dos monasterios mas. Terminamos la discusión diciendo que esto es lo que hay y que si tienen algún problema que llamen a su jefe ya que él nos había dicho que ya les había explicado el itinerario. El pobre Mael está palido como el papel así que nos vamos a nuestro cuarto, yo alumbrando con mi linterna dinamo y sujetando a un Mael bamboleante que a medio camino vuelve a pararse para vomitar. La verdad es que la situación me preocupa, le hago la cama, lo acuesto, le meto un chute de oxígeno y le pongo encima una pila de mantas. Antes de apagar la linterna y acostarme pienso en que sabe dios quien a dormido en aquellos colchones y a saber la ultima vez que se labaron las mantas...se está calentito y me he acostumbrado al olor a Yak...tampoco nos vamos a poner esquisitos.

(pobrecito!)






Varias veces me he lebantado por la noche para ver si Mael respiraba (sí, a tanto llega mi psicosis por los edemas pulmonales o cerebrales. Nota: ver menos el programa de Calleja).


Mael se despertó rebien y con hambre. Las monjas nos prepararon un desayuno a base de té con mantequilla de yak y un boll de sopa con fideos y carne de yak. Desayuno tipico. Mientras desayunamos nos explican que este monasterio fue construido en torno a un manantial de aguas termales que son muy curativas y los peregrinos pasan aqui largas temporadas para curarse enfermedades. Nuestro guia cuenta que un amigo suyo tenia una pierna mal, vino aquí unas semanas y regresó totalmente restablecido. La alberca con agua termal está rodeada por un muro de piedra y su interior dividido en dos: una parte para hombres y otra para mujeres. A pesar del frio y de la nieve Mael y yo no queremos irnos sin habernos dado un baño en aguas tan milagrosas. Tras el baño continuamos nuestro viaje hacia el monasterio de Drigungtil, un monasterio especialmente dedicado al rito de la muerte.

En el camino hacia los monasterios volvemos a encontrarnos con los nómadas que están levantando el campamento para continuar viaje.
El monasterio de Drigungtil está siendo en la actualidad restaurado. En el patio de acceso vemos trabajar a los obreros y en las capillas como los artesanos realizan las pinturas en paredes y columnas. El dia es despejado y la vista es-pec-ta-cu-lar. Como en todos la parte mas alta, donde no deverían subir los turistas, está muy deteriorada.












































El Monasterio de Ganden, a unos 40 kilómetros al este de Lhasa fue fundado en 1417. Fue el primer centro gelugpa y actualmente continua siendo el nucleo principal de esta rama budista. Dos importantes koras, por el que ascienden los peregrinos, se extienden desde el valle hasta el monasterio, a 4.500 metros de altura. Tsongkhapa, como el primer abad del monasterio de Ganden, era también el jefe de la secta Gelug. Todavía hoy, es el abad o el Tripa del monasterio de Ganden, no el Dalai Lama, que lidera esta secta importante. Una interesante característica de su ley de sucesión es que, a diferencia del Dalai Lama, que funciona a base de la reencarnación, la posición del Ganden Tripa es electa. Por esta razón, el Ganden Tripa ha sido tradicionalmente un fuerte candidato a la posición de Regente del gobierno tibetano en ocasiones cuando el Dalai Lama era menor de edad, estaba ausente o difunto. Su nombre hace referencia al paraiso del buda del futuro, por tanto hace referencia a que este monasterio marcará el camino de la iluminación para la salvación del mundo. Desde su cima, allá donde coloridas banderolas de plegarias danzan al viento se tiene una vista inigualable del valle de Lhasa.







































































Regresamos a Lhasa y descansamos de este corto pero intenso viaje. Mañana nos despediremos del Barkhor, de la gente, del Potala y de su visión nocturna que quedará para siempre en nuestras retinas. Mandamos postales a familiares y amigos, visitamos un templo menor de Lhasa, comemos por ultima vez en el Dunya, cenamos pizza en un restaurante tibetano y el ultimo buen café que tomaremos en una semana. En el Barkhor compramos los últimos regalos y es divertido regatear, una señora de lo mas teatral cada vez que le marco un precio en la calculadora se tira al suelo fingiendo desmayo. Yo me uno a este juego de mímica, echandome las manos a la cabeza o haciendole ver que con lo que quiere cobrarnos moriremos de hambre. Resulta tan divertido que cuando quiero darme cuenta Mael ha sido engullido por la marea humana que se aremolina en torno a la vendedora y a mi y es divertido ver como aquellos peregrinos de vida dura dibujada en el rostro comentan entre ellos y rien a carcajadas viendo el teatrillo que vendedora y yo hemos montado. Al final cerramos el trato, los dos contentos. La mujer nos regala unos rosarios y mientras ella me coloca el mio yo busco a Mael entre el gentío. Lo llamo a gritos, a lo que la simpatica mujer se une: ¡Mel!¡Mel! Con nuestros rosarios anudados en la muñeca, cargados de cosas que aun no sabemos muy bien para quien serán, pero con un agradable sabor en el recuerdo abandonamos el Barkhor.
Mañana, temprano, marcharemos por la Carretera de la Amistad hasta la frontera de Nepal en una ruta de seis dias y no podemos evitar sentir un poco de nostalgia al abandonar a esta Lhasa a su suerte, si algún día regresamos querríamos que el gobierno legitimo de Tíbet haya sido restaurado, si no, de Lhasa ya no quedará nada y nada abrá que ver mas allá de los mercados, tiendas e hipermercados chinos...nos vamos con tristeza...






















... GOOD BYE LHASA!

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