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lunes, 15 de junio de 2009

RUTA DEL CISTER (12-14 junio 2009)

La Ruta del Silencio

En 1098, Roberto de Molesme, Alberic y Esteban Harding fundan en Borgoña, en un lugar llamado Cistels (Cîteaux o Cister), su “Novum Monasterium”, con la clara intención de regresar a los principios de la Regla de San Benito de Nursia (490-547), cuya intención era tanto guiar espiritualmente a los monjes como organizar su vida material y garantizar el buen funcionamiento de los monasterios que albergan comunidades religiosas autónomas. Los preceptos básicos de San Benito se resumían en el conocido “ora et labora” (trabajo y oración) y se concretaban en una vida comunitaria de silencio, oración y trabajo donde los monjes, bajo la supervisión del Abad cumplían con los botos de humildad, obediencia y castidad. San Benito, en su regla no solo organizaba la forma de vivir o dividir los tiempos del día entre trabajo manual y oración de los monjes, también hacía referencia a los lugares donde debía erigirse un monasterio (alejados del mundo, cerca de un río y una cantera de piedra, así como de tierras que han de ser trabajadas por los monjes para su sustento que ha de ser austero, pero suficiente…) y cómo había de ser el monasterio, que a la vez debía alabar la grandeza de Dios y ser austero en sus formas y ornamentos a fin de no distraer la atención del monje de su contemplación de Dios, así pues no se debían disponer de comodidades ni ningún tipo de lujo ya que la pobreza era una aspiración. Aunque en los últimos siglos del primer milenio las comunidades religiosas proliferaron por toda Europa y aunque algunas nacieron guiadas por la regla benedictina, pronto se alejaron de ella, existieron ordenes y monasterios que acumularon un gran poder gracias al protectorado de reyes, nobles e incluso el propio papa (como ocurrió con el Monasterio de Cluny). Los reyes intervenían a la ora de nombrar abad y los monjes ejercían funciones laicas, como administrar justicia en la zona. La austeridad dio paso a la riqueza y la ostentación. Es en este ambiente del monacato corrupto cuando se funda la Orden del Cister con la clara intención de retomar la idea marcada por San Benedicto que a su vez se había inspirado en “Los padres del desierto” (los primeros eremitas y anacoretas del cristianismo así como los primeros fundadores de Cenobios (lugares de vida al margen de la sociedad-como los otros dos-, pero en comunidad).
Esta reforma de la vida monacal (que no había sido la primera que se había intentado) triunfa, además de por sus tres fundadores, gracias a Sant Bernardo de Caravall (monasterio que fundó y del que fue Abad), a su muerte, en 1153, la orden del Cister estaba extendida por toda Europa, contando con 343 abadías.
En la península ibérica los reyes castellanos que habitaban el norte aprovechan los conflictos internos del califato cordobés que comienza a desmoronarse para conquistar nuevas tierras y desplazar sus fronteras mas al sur. Será en este territorio de frontera, alejado de la sociedad y despoblado por haber sido durante siglos continuamente castigado por batallas y razzias, donde decidirán establecerse los monasterios de la orden Cisterciense, apoyados por nobles y reyes locales, a fin de hacer cultivables las tierras y significar el comienzo de la repoblación de estas tierras fronterizas de conflicto. En este contexto surgen los tres monasterios que en Cataluña configuran la Ruta del Cister: Poblet, Santes Creus y Vallbona. De los tres, a pesar de haber tenido una historia rica y fluctuante, solo Santes Creus esta deshabitado, en los otros dos el espíritu del Cister ha sobrevivido hasta nuestros días.


















MONASTERIO REAL DE SANTES CREUS
Ubicado en la comarca de l´Alt Camp (termino municipal de Aiguamúrcia), su fundación se remonta al año 1150, en tierras de Valldaura (Cerdanyola del Vallés), pero pronto los monjes buscaron un lugar mas apartado y se trasladan a Santes Creus en 1158, en los primeros decenios de su fundación el monasterio ya adquiere una gran importancia, y en el siglo XIII dos grandes Abades darán un impulso definitivo a la comunidad: Sant Bernat Calbó, consejero del rey Jaume I y el Abad Gener. En la actualidad y tras una época de abandono, fue recuperado y restaurado, aunque no conserva vida monacal. Antes de visitarlo aconsejamos ver el audio visual, muy logrado y que nos sitúa mejor en la época, así mismo, y aunque soy enemigo de guías, en este caso recomiendo hacer las 3 visitas con guía (no se si en los otros dos es obligatorio) en cualquier caso esto no supone que luego no dispongas de un tiempo para vagabundear. Fascinante es el claustro gótico (siglo XIV) de gran riqueza ornamental en los capiteles a pesar de la austeridad que marca la arquitectura cisterciense. Así mismo se visita el dormitorio de los monjes (que en un principio era comunitario), la sala capitular (donde diariamente te leía un capitulo de la regla de San Bernardo, lugar en el que tanbien se reunían los monjes para debatir o tomar decisiones sobre la comunidad), el austero Cementerio sembrado de cipreses y una única cruz de piedra, el segundo claustro (mas antiguo pero menos impresionante, quizás también mas restaurado) . No hay que dejar de visitar la iglesia en cuyo interior se conservan las tumbas reales de Pere el Gran y de su hijo Jaume II el Justo y la esposa de éste, Blanca de Anjou.

MONASTERIO REAL DE SANTA MARIA DE POBLET
Situado en la Conca de barberá, fue fundado en 1150 por Ramón Berenguer IV que cede unos terrenos a la comunidad cisterciense. No tardo en ganar prestigio y poder y tubo una gran importancia en la cristiandad del siglo XIV, rivalizando con Santes Creus. En la actualidad en su interior vive una comunidad de unos 80 monjes. El monasterio está rodeado de una gran muralla debido a que en el interior de su iglesia se custodiaban las tumbas reales. Tras las murallas además de los enormes edificios que conforman el monasterio existe un espacio en el que antiguamente te cultivaban huertos y en la actualidad se cultivan viñas de la variedad típica Borgoñesa Pinot Noir ( el vino se comercializa por Freixenet y aunque es un poco caro es vino tinto delicioso, de hecho en este momento estoy tomando una copa). A parte de las tumbas reales quizás lo mas hermoso es el claustro y saber que allí en la actualidad vive una comunidad de monjes. De hecho tienen hospedería y los huéspedes pueden compartir la comida con ellos, en completo silencio, escuchando como el hermano lector lee algún capítulo de la Biblia o los evangelios, exactamente como era hace mas de un milenio. No descarto la idea de hacer un retiro espiritual, o laboral, aunque no superior a tres días.



MONASTERIO REAL DE SANTA MARIA DE VALLBONA
Al contrario que los anteriores, se trata de una comunidad cisterciense femenina, que llego a ser la mas importante de Cataluña. Aunque ya existía una comunidad mixta de anacoretas en esta ubicación desde 1154, no será hasta 1175 cuando Berenguera de Cervera, señora de Verdú incorporará la parte femenina de la comunidad a la orden del Cister. Vallbona contó con la protección de Alfons I el Casto y de Jaume I el Conquistador. A el acudían hijas de las familias nobles catalanas que le daban mas prestigio al monasterio a la vez que mas riquezas y poder. El monasterio se encuentra en el interior del pueblo, aunque no le resta belleza. Es, de los tres, el mas alejado, no obstante hablamos de 45 minutos, que no deben ser inconveniente para conocer este paraje superviviente al paso de la historia. Además cuenta con hospedería mixta y una comunidad de 10 monjas. Su claustro es, sin lugar a dudas, lo mas hermoso del conjunto, en el se observa desde una parte románica, una de transición hacia el gótico y la parte gótica propiamente dicha.


Durante años he querido visitarlos y este fin de semana hemos aprovechado para hacerlo con la familia, y la verdad es que hemos disfrutado mucho. Es casi un pecado capital no conocerlos, sobre todo para los que vivimos en Barcelona, ya que tan solo están a una hora de camino en coche, aunque es aconsejable hacer noche para verlos con mas tranquilidad. Es impresionante ver como surgen estas moles de tiempo y piedra en el horizonte, visitarlos me remonta a un pasado que aunque fue duro, me habría gustado vivir, una edad media como monje silencioso atareado en el escriptorium en la rutinaria tarea de copiar un valioso códice que probablemente hoy se haya perdido. Los secretos que guardan las piedras no se pueden contar, pero se pueden sentir e intuir.

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