SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

miércoles, 24 de junio de 2009

DIARIO DE VIAJE: CHINA-TIBET-NEPAL (II)

ÚLTIMOS DÍAS EN PEKIN ó BEIJING MON AMOUR

3 - 05- 2009

El tiempo pasa, a pesar de nosotros, y ya solo nos quedan tres días en Pekín, y aun hay tanto por ver...nos resignamos y aceptamos que muchas cosas, quedarán en el tintero...siempre nos gusta pensar que esas cosas que nos quedan por hacer o visitar son el germen, la escusa, para poder regresar en el futuro.

Lo primero que hemos hecho al despertarnos ha sido comprar el billete de tren nocturno desde Pekín a Xi´an. No hay literas "blandas" libres en compartimentos para cuatro personas y nos tenemos que conformas con las literas "duras" cuyos compartimentos son de seis. Lo bueno, es que son mas económicas. el viaje de 12 horas lo haremos durmiendo y el día 6 amaneceremos en Xi´an.
Desayunando planificamos cuidadosamente el tiempo que nos queda en Pekín.










Convenzo, sin gran esfuerzo, a Mael para visitar el famoso y enorme mercado de Panjiayuan, donde se puede encontrar practicamente de todo:reliquias de la revolución cultural, piedras de todo tipo, figuras de jade y cerámica, antiguos carteles y postales, libros, albunes de personas anónimas que vivieron en torno a la segunda guerra mundial, muchas falsificaciones de antigüedades, pinturas antiguas y modernas, abalorios de las minorías étnicas del país, caligrafías...es como los encantes eran antiguamente, aunque inmensamente mayor. Disfrutamos recorriéndolo todo pero sin decidirnos a comprar nada, yo quiero que nuestro souvenir de China salga de aquí...cuando vamos a irnos Mael (que se había interesado por un álbum de fotos antiguas que costaba demasiado) me preguntó si me había gustado algo. Realmente si. Había algo que pasaba desapercibido pues estaba en el diminuto puesto de un anciano, me fijé en el casi al llegar al mercado y luego a pesar de que llega un momento que las cosas se repiten en otros puestos (sobre todo cerámicas o imitaciones de antigüedades) eso no lo había visto en ningún otro puesto, aunque si en la Ciudad Prohibida. Se trataba de una teja vidriada de la dinastía Ming. Mael me anima a comprarla aunque es muy pesada y en los próximos días, sobre todo en las fronteras, nos pondrá en mas de un apuro. Regateo con el anciano y consigo la teja. El anciano parece conforme con el resultado. Yo contento como niño con zapatos nuevos.

Cogemos un taxi y nos dirigimos a nuestro próximo objetivo: El Templo del cielo.


El Templo del Cielo se encuentra ubicado en un inmenso, tranquilo y bello parque. Se puede comprar una entrada para entrar únicamente al parque o una que incluye la entrada a los monumentos de todo el recinto. La curiosidad es que al entrar en el parque nos llama la atención que hay numerosos grupos de gente unos bailan un extraño baile mezcla de rock y pasodoble con música animada y desenfrenadas vueltas, otros hacen una versión de taichí coreografiado, aquí y allá animados grupos disfrutan de este dia soleado.
El Templo del Cielo se compone de una inmensa págoda circular (la Bóveda Imperial del Cielo), donde los emperadores (hijos del cielo) rendían culto a los dioses, un gran altar circular hecho con marmol blanco, dispuesto en tres pisos y cuya geometría gira en torno al 9, el número imperial.











Culminan el conjunto "El muro del eco" y la Sala de las plegarias por las buenas cosechas", todo de época Ming.





Desde aquí cogemos el modernísimo metro de la ciudad y llegamos a lo que en época mongol y posteriormente durante el reinado de la dinastía Ming, fue el centro de Pekín, la Torre del Tambor y la Torre de la Campana. Están ubicadas una frente a la otra separadas por una agradable plaza y rodeadas de un gran Hutong en el que la vida fluye con rutina y tranquilidad para sus habitantes y con gran belleza cotidiana para el turistas. Solo podemos visitar por dentro la torre de la campana ya que la del tambor esta siendo restaurada.





Necesitamos un descanso y tomar algo así que una vez mas nos dejamos aconsejar por la guia Lonely Planet y entramos en el Drum & Bell Bar. Mientras tomamos una cerveza bien fría, disfrutamos de la vista de la plaza y de las dos torres desde su sosegada terraza, refugiados bajo la sombra de un árbol y sin zapatos, que los pies nos arden. también tenemos una vista panorámica sobre los tejados grises de las viviendas del Hutong.





Tras el necesario descanso vagabundeamos por el Hutong, curioseando en la vida humilde y discreta de sus habitantes. Para que la ciudad fuese lo suficientemente moderna para las olimpiadas del pasado año y probablemente debido a intereses económicos, en los últimos años se han arrasado muchos de estos barrios de callejuelas laberínticas y en su lugar se plantaron modernísimos edificios que, lógicamente, no se ocuparon con las personas a las que habían desalojado. Parece que en la actualidad las autoridades chinas abogan por proteger los pocos que quedan, de otra forma esta ciudad será muy moderna, pero no tendrá alma.







4- 05-2009











Hoy, de nuevo,, madrugamos. Desayunamos como siempre, en el hostal. Simulacro de café y sandwich de huevo frito. Cogemos un autobús urbano frente a la Puerta Principal para visitar El Palacio de Verano. Nos cuesta tres yoanes y tres cuartos de hora en pie. el día amenaza con ser,
también


hoy, caluroso.
El Palacio de Verano de la dinastía Ming se descuelga desde la cima de una colina hasta la orilla
de un gran lago.



Los edificios están repartidos dentro de un frondoso parque que en el pasado también formaba parte del palacio.




Con una audioguía, ganas y tranquilidad, comenzamos nuestra visita que nos durará hasta medio día, cuando decidimos coger una barca para tener una visita panorámica del palacio desde el lago y marcharnos con la caída del sol.




En la puerta unos señores con unas bicicletas-carro se ofrecen a llevarnos. Les decimos que vamos al mercado de Donghuamen, preguntamos el precio y como nos dicen que tres yuanes (nos parece demasiado económico) cogemos cada uno uno. callejeamos por un Hutong y en un momento dado paran en un callejón y nos dicen que la calle que buscamos esta al lado pero que ellos no pueden entrar. La bici-carro de Mael ha parado a unos 15 metros. Mi chofer me enseña una especie de carnet oficial mientras yo busco los yoanes, él insiste en que lo mire. A Mael le enseñan lo mismo. Es un listado de precios y teóricamente este paseito cuesta 300 yoanes (mas que el billete a Xi´an). Lógicamente intentan timarnos. Mael intenta acercarse a mi pero durante un instante su chofer intenta impedirlo cuando llega a mi altura yo ya estoy muy enfadado y no necesito ni el ingles ni el traductor con gestos de muy enfadado digo las palabras mágicas a la vez que le doy 10 yoanes por los dos (go to police). Nos marchamos mientras ellos se quedan con dos palmos de narices al ver que no han podido ni timarnos ni intimidarnos, de hecho los intimidados parecen ellos. Realmente estamos ya en la calle del mercado de Donghuamen. Es aqui donde se venden pinchos comestibles de las cosas mas "curiosas": saltamontes, crisálidas, corazones de poyo, riñones...en un principio nuestra idea era que cada uno elegiría un pincho que se había de comer el otro. tras un primer paseo mirando los diferentes puestos llegamos a la conclusión de que podía ser un juego muy cruel. Nosotros ¡valientes!, nos atrevemos a comer....unas empanadillas de verduras y un pincho de frutas!




Paseamos por el futurista centro de Pekin y de nuevo me siento dentro de Blade Runner gracias a esas pantallas gigantes que constantemente emiten publicidad. Ahora sí, comemos en el famoso Quanjude Roast Duck Restaurant, como no, Pato de Pekín. El pato de dorada piel lo traen en un carro y lo filetean frente a tu mesa. Lo realmente curioso ( y esquisito, que no light) es la gruesa y caramelizada piel del pato, que se come mojándola en azucar. Los trozos de pato (uno de carne y uno de piel), se ponen sobre una tortita untada de una especie de mermelada de frambuesa y soja y acompañado de unas cebollitas, se emvuelve, y se come con las manos. De primero hemos pedido una deliciosa sopa de setas. Para nuestra sorpresa nos traen un certificado en el que consta el número de pato que el restaurante ha cocinado y que nosotros nos hemos comido (11.512.467.223) ya que desde 1864 se numeran los patos que cocinan en este afamado local.


Despues de intentar, sin éxito (porque estaban cerrados), ir a un espectáculo real de Ópera de Pekín, nos resignamos y tras descansar en nuestro hostal asistimos a uno que cada noche hacen en un hotel exclusivamente para turistas.
Solo puedo decir que resultó caro y en definitiva fue una tomadura de pelo ya que no duró ni una hora solo hubo un "mini" numero de ópera y el resto del tiempo se llenó con malabares y artes marciales. al salir nos metemos en un restaurante que nos llama la atención, la comida es francamente buena pero excesivamente picante así que con cierto disgusto, mocos en la nariz y lágrimas en los ojos, comemos menos de lo que queremos. Las cervezas no aplacan el picor.





5- 05- 2009

Como no, hoy tambien madrugamos. Preparamos las mochilas y antes de desayunar las bajamos a una habitación junto a la recepción. Luego visitamos el Mausoleo de Mao. Antes de pasar los controles tienes que dejar todo lo que llevas en un edificio cercano que hace de guardarropa. Tras pasar los controles para asegurarse que no llevas ni cámara, ni móvil, ni ná de ná, pasas a una ordenada fila de a dos que solo puedes romper en un momento dado si quieres comprar un clavel en un kiosco justo antes de la entrada al edificio. Una vez dentro del recinto nos recibe una inmensa estatua de mármol blanco de Mao sentado, la gente que compro clavel rojo se adelanta rapidamente ante la figura hacen reverencia y depositan el clavel de forma muy ordenada (Mael y yo bromeamos por que creemos que esos claveles vuelven a llevarlos al kiosco para venderlos de nuevo). Justo ante la figura de Mao somos divididos en dos filas que pasan a su derecha e izquierda por dos grandes puertas y allí, en una urna de cristal y rodeado de militares, está la momia de Mao. No tienes mucho tiempo para recrearte con el cadaver ya que no puedes parar la fila y los soldados te animan a no detenerte.


Al salir recuperamos nuestras pertenencias y visitamos la Puerta de Duan, luego nos vamos a visitar "El templo de la nube blanca".








A las 17:30 estamos en la estación de ferrocarril pasando varios controles de seguridad, luego pasamos a una sala de espera hasta que unos minutos antes de la salida abran las puertas y podamos entrar en nuestro compartimento del tren destino Xi´an. Tenemos por delante doce horas oscuras para disipar la nostalgia que siempre produce abandonar un lugar donde has vivido y sentido tantas cosas en tan pocos dias, donde has cumplido sueños soñados durante media vida y donde todo ha sido nuevo... pero hay que continuar andando, continuar nuestro camino con la ilusión peregrina de retorno y con el desbán de la memoria repleto de recuerdos. Tambien es esperanzador pensar que lo que nos depara el devenir puede ser igual o mejor que lo que dejamos... si no subimos al tren nunca lo sabremos.

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