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miércoles, 14 de octubre de 2009

DIARIO DE VIAJE: SANT PETERSBURGO - RUSIA - (3 a 10 oct ´09) I

UNA VENTANA A EUROPA ó LA CIUDAD INCANDESCENTE

3-10-09
Mentiría si dijera que para mi, ir a Sant Petersburgo, era un sueño. Realmente este sueño pertenecía a Martina, mi suegra, como ya expliqué en un post anterior. En principio era un viaje para ella y su hijo, luego me acoplé yo, que no pierdo ocasión de viajar, y luego mi amiga Pilar. Sin embargo, mi sueño si había sido visitar Rusia, aunque para mi este viaje estaba ligado a Moscú y la romántica ruta del Transiberiano cruzando las estepas hasta Vladivostok. De hecho era un viaje que este año habíamos planificado, pero que al final decidimos aplazar al decidir ir desde Pekín a Katmandú cruzando Tíbet.
Hasta este momento mi referencia sobre Sant Petersburgo se limitaba al hecho de contener uno de los museos más grandes y bellos de Europa, el Hermitage, y de haber sido capital de los Zares durante más de tres siglos. Sin embargo mi atracción hacia Rusia estaba mucho más motivada por su pasado revolucionario y por mi obsesión de juventud, casi adoración, hacia la figura del líder comunista de la revolución de 1917, Lénin. Tener un abuelo materno comunista había contribuido a esta devoción, pues mi abuelo Antonio Jiménez siempre tuvo sobre la mesita de noche de su habitación una efigie en bronce del perfil del líder comunista, que a propósito, yo heredé.
Comentar brevemente algunos datos de interés: los vuelos los compramos a través de Edreams con la compañía Rossilla Airlines, que opera todos los sábados vuelos director Barcelona Sant Petersburgo, por unos 300 euros. También a través de esta página reservamos un hotel modesto pero con cierto encanto, a unos 20 minutos, en transporte público, del centro. 7 noches de hotel con desayuno incluido, no más de 200 euros por persona. La carta de invitación, necesaria para entrar en el país, así como el visado y el seguro de viaje, tras muchas comparaciones decidimos contratarlo con IberRusia que tanto en la carta como en el seguro nos ofrecían mejores precios (105 euros aprox. las 3 cosas). La moneda nacional es el Ruplo. Aconsejo cambiar el dinero allí ya que aqui bancos o cajas cobran altas comisiones, sin embargo en cualquier banco de Sant Petersburgo puedes encontrar el cambio de un euro a 44 ruplos. Para nuestra sorpresa, que como referente teníamos el hecho de que Moscú es una de las ciudades mas caras del mundo y habíamos hecho un paralelismo, tras visitar museos y palacios (en los que cobran por todo como ya explicaré), cenar en algún buen restaurante local (otras veces comprabamos en supermercados y comiamos en el hotel), pagar trasportes públicos (tremendamente económicos) y algún taxi nocturno, hemos gastado en estos 7 días, unos 300 euros.

La primera impresión que tenemos al llegar a la ciudad, tras 4 horas de vuelo, es que hemos subestimado el clima. Desde Barcelona es difícil prever la situación a pesar de que por Internet ya habíamos visto las bajas temperaturas que nos haría. La realidad es que en Barcelona, aunque desciendan las temperaturas, el viendo, por frío que nos resulte, es cálido, en Sant Petersburgo, que se encuentra situada en el mismo paralelo que Alaska, es un frío, literalmente, glaciar.
La segunda sensación (quizás mas que sensación, certeza) que te invade cuando el taxi entra en la ciudad y comienza a vagabundear atravesando puentes que cruzan canales, grandes avenidas de majestuosos edificios neoclásicos o soviéticos y comienzas a percibir el fascinante y opulento perfil de la ciudad, es que has llegado a una de las ciudades mas imponentes y hermosas del mundo.

La ciudad fue fundada por el Zar Pedro el Grande el 16 de mayo de 1703. La obsesión de toda su vida había sido crear una salida al mar para su gran imperio. Por la frontera oriental tenía graves problemas con el imperio Otomano, así que se decidió por esta nueva ubicación no sin antes tener que librar algunas batallas para expulsar a los suecos de los territorios pantanosos en los que el zar visionario quería fundar la capital de su imperio, Sant Petersburgo sería la ventana que abría Rusia a Europa.

Los comienzos de la ciudad no fueron fáciles, lo primero que se construyó fue la fortaleza defensiva de Pedro (de ahí el nombre de la ciudad) en la isla de Zaiachiy ubicada en el golfo de Finlandia, en la desembocadura del río Neva al mar Báltico y en su interior la iglesia dedicada al santo protector del zar, San Pedro. Luego le siguieron el almirantazgo (junto a él el primer puerto), la construcción de palacios y edificios para albergar la administración de la nueva capital, canales, puentes e iglesias. Los trabajos de construcción y dragados de las aguas pantanosas correrían a cargo de siervos, de los cuales, debido a las malas condiciones y al frío estepario se dice que cada año morían el 50% por lo que el zar hacia renovar constantemente el grueso de trabajadores trayéndolos de forma obligatoria desde distintos puntos del país. Luego tomó medidas para asegurarse de que la ciudad se convertiría en la capital que soñó y en cuestión de pocos años el crecimiento de esta fue espectacular. De esa época datan construcciones tan monumentales como los Palacios de invierno que actualmente conforman el museo del Hermitage, iglesias como la de Santa María de Kazán, la catedral de San Isaac, o algunos de los suntuosos palacios que los zares construirían a las afueras de la ciudad ocupando un gran numero de hectáreas y haciendo gala de un lujo y ostentosidad ofensivos.

La ciudad a lo largo de sus 300 años de historia cambió dos veces de nombre: Petrogrado de 1914-1924, durante la primera Guerra mundial se pensó que Sant Petersburgo era un nombre demasiado germánico (realmente se había germanizado, pero en principio era Holandés) y tras la muerte de Lénin y en su honor se rebautizó como Leningrado, nombre que duró hasta el fin de la era soviética, cuando en 1991 se decidió recuperar el nombre con el que fue fundada. Comentar que tras la revolución de 1917 y el asesinato del zar Nicolas II y toda su familia en 1918 se funda la Unión Sovietica liderada por Lénin y la capital se traslada a Moscú.
Otro capitulo fundamental y dramático en la historia de la ciudad es que durante la Segunda Guerra Mundial la ciudad fue sitiada por el ejercito Nazi durante 26 meses. Cuando terminó el asedio mas de dos tercios de la población habían muerto de frío y/o de hambre. Las tropas Nazis, no llegaron a entrar en la ciudad, a pesar del optimismo de Hitler que según cuentan puso fecha e incluso imprimió invitaciones para celebrar la invasión de la ciudad en el famoso hotel Astoria de Sant Petersburgo que jamás llegó a pisar. Así, en 1945 fue nombrada Ciudad Heroica y en la actualidad la Unesco calificó su centro histórico como patrimonio de la humanidad.
Aunque en Rusia se la conoce como la venecia del norte, la idea de los canales fue copiada por el Zar Pedro el Grande de Holanda, donde pasó una parte de su juventud. Así sus numerosos puentes (300) podrían hacernos pensar en Ámbsterdan, sin embargo la preponderancia en su perfil son las fachadas de edificios neoclásicos que me hacen recordar la recreación virtual que ví en algún lugar, de como debió ser la antigua Roma Imperial.


El hotel es sencillo pero acogedor. Nos acomodamos. Las habitaciones están muy bien y la nuestra tiene un pequeño salón donde cenaremos algunas noches. Aquí es dos horas mas tarde que en España y oscurece antes. Decidimos ir al centro para hacer una primera toma de contacto con la ciudad, el transporte públicoy aprobechar la cena para planificar un poco nuestro itinerario de los próximos días intentando conjugar los intereses de cada uno. La primera impresión de la ciudad anocheciendo nos seduce. Acordamos alternar dias dentro de Sant Petersburgo con días visitando los palacios que hay a las afueras.







Por la noche, los puentes de Sant Petersburgo, se tornan mas bellos y lánguidos, quizas por efecto del frio o por el de las mortecinas luces de las farolas; la ciudad se vuelve mas solitaria, adormecida entre la calma y las sombras; sus anchas avenidas a penas transitadas por personajes sonambulos y anónimos embueltos en gruesos abrigos camino del calor de sus casas; semaforos autómatas que regulan un trafico tranquilo o inexistente, tiendas y bares abiertos hasta rayar el alba... y las majestuosas fachadas iluminadas que se reflejan, como inquietos fuegos fatuos, en los canales calmos y sobre el caudaloso cauce del río Neva que fluye infinito hacía las gélidas aguas del Báltico... desde la ventanilla del taxi que nos devuelve al hotel pienso que Sant Petersburgo es incandescente.


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