SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

viernes, 23 de octubre de 2009

DIARIO DE VIAJE: SAN PETERSBURGO IV

PALACIO IMPERIAL, PALACIO YUSUPOV Y PLANES PASADOS POR AGUA ó RUNNING IN THE RAIN
07-10-2009
Hoy hemos decidido visitar el Palacio Peterhof. Este fastuoso palacio de cuento de hadas, ubicado a unos 30 kilómetros de San Petersburgo, en pleno Golfo de Finlandia, durante los meses de verano se puede acceder a él en un barco que se coge en el muelle del río Neva, en pleno centro de la ciudad. Sin embargo una vez el mal tiempo y los vientos crueles que azotan esta zona se hacen presentes este servicio se suspende y llegar a Peterhof ya no es tan sencillo si lo haces por tu cuenta. Para no perder tiempo ayer ya acordamos que en la recepción del hotel pediríamos un taxi, no nos sale muy caro (1050 rublos) y ganamos tiempo, ya que nuestro planing para hoy es muy ajustado: tras la visita a Peterhof queremos regresar rápidamente a San Petersburgo para ver el Palacio Yusupov, que cierra a las cinco, y pasear por el barrio de Sennaya Plohchad.
 
 
En 1714 Pedro El Grande ordenó la construcción de un palacio que rivalizara en grandeza y belleza con el de Versalles, posteriores zares y zarinas reformaron y ampliaron este edificio de aire barroco y poblaron las hectáreas ajardinadas que lo rodean de otros edificios para alojar a invitados o celebrar fiestas y reuniones privadas, como El palacio de la cabaña, el Palacio de Marly o el Hermitage. Aunque el edificio resultó gravemente dañado durante el asedio a la ciudad, la restauración, sobre todo en fachada y jardines ha sido todo un logro. Por el contrario el interior del palacio no resulta tan sorprendente como la gran fuente que se extiende en escalera desde la fachada principal y cuyas aguas cruzan toda la propiedad a través de un canal que desemboca en el golfo. Esta inmensa y fastuosa cascada está formada por 37 estatuas de bronce policromadas en dorado, 67 fuentes y 142 chorros de agua. Si se pasea por la propiedad, algo necesario para ver las pequeñas edificaciones, se irán descubriendo esculturas y fuentes de menor tamaño pero que nos ayudan a hacernos una idea de la opulencia y la belleza de todo el conjunto. La única pega: se paga por entrar al recinto de jardines (300 ruplos) y luego se paga por entrar a cada uno de los edificio: el palacio propiamente dicho unos 500 ruplos, el austero y hermoso Palacio de la cabaña 150, el mas que prescindible palacio de Marly otros 150 y el Hermitage (pabellón que se utilizaba como comedor privado) estaba restaurándose. Esto es una crítica, cuando pagas por entrar al recinto los, casi siempre, antipáticos funcionarios, nunca te avisarán de todo lo que está cerrado. Aprovecho para comentar que aunque hay gente muy agradable y servicial la generalidad, y sobre todo aquellos que trabajan de cara al público (metros, museos, etc.…) resultan francamente antipáticos, ojo, no solo con el turista, también con sus propios conciudadanos. Cuando se les pregunta por algo, al contestarte parece que te están perdonando la vida. Si te acercas a un transeúnte para pedir una indicación antes de que puedas abrir la boca es muy probable que te encuentres con una negación…ahora cuando encuentras a alguien amable lo es, pero sin efusividades.


















Son las tres y media del medio día cuando, tras un reconfortable café, que será nuestra única comida, salimos del recinto del Palacio. La lluvia parecía estar esperándonos. Huimos en dirección a la carretera principal y allí nos subimos al primer autobús que va dirección a San Petersburgo sin saber muy bien donde nos dejará, con lo que llueve y lo poco preparados que estamos para enfrentarnos a agua más frío tampoco nos vamos a poner exquisitos.
Nos bajamos en la última parada del bus, en un barrio obrero a las afueras de la ciudad. Como tenemos un claro problema de tiempo pues a penas tenemos una hora antes de que cierren el palacio Yusupov volvemos a coger un taxi. En esta ocasión, cuando vamos a regatear el precio, el taxista nos mira casi con desprecio y nos indica el taxímetro. Es el primer taxi con taxímetro que vemos. Mis compañeros creen que aun así seremos timados y este sentimiento pesimista, mas la lluvia que no cesa, unido al hecho de que parece hora punta y a veces el coche avanza lento o no avanza, tampoco sabemos dónde estamos y el tiempo va pasando con rapidez, como el taxímetro…resulta una situación de lo mas angustiante que solo puede empeorar si cuando lleguemos al Palacio ya no podemos entrar. Llegamos a tiempo y el taxista no nos ha timado.
El palacio Yusupov está integrado en el barrio de Sennaya Ploshchad, una zona residencial de las más antiguas de la ciudad y que hasta el siglo XIX había sido un barrio marginal, sucio, lleno de pobreza y delincuencia. El gran escritor Ruso Dostoievski se inspiró en él para sus novelas. Además de visitar el palacio nuestra idea era pasear por el barrio y visitar el emblemático Teatro Mariinski, la sinagoga Coral y la Catedral de San Nicolás. Confiamos en que tras nuestra visita al palacio la lluvia haya amainado.
La visita al palacio era una sugerencia de Martina, que había leído una autobiografía del Príncipe Yusupov e insistió en que podía ser interesante. Los Yusupov poseían una de las mayores fortunas del mundo y el personaje del Príncipe Félix Féliksovich Yusupov es francamente fascinante…de hecho creo que merece un post aparte. Solo decir que tras la revolución él y su esposa abandonaron Rusia y que su palacio, que se encuentra en muy buen estado de conservación, fue él lugar en el que se tramó y se llevó a cabo el asesinato del oscuro místico Rasputín el 17 de diciembre de 1916 debido al gran poder e influencia que este había ganado a ojos de la zarina tras “curar” la hemofilia del hijo de Nicolás II. Rasputín fue envenenado pero como el propio Príncipe Yusupov narró en un libro el veneno no le hizo efecto, le dispararon y aun continuaba con vida así que lo golpearon y lo arrojaron a un canal. La autopsia posterior certifico que a pesar de todo lo utilizado contra él murió ahogado. El interior del palacio nos ha gustado más que cualquiera de los edificios que hemos visitado en Peterhof.








Cuando salimos aun llueve. Corriendo bajo la lluvia llegamos hasta el teatro Mariinski. Vamos a recoger unas entradas ya que Mael ha decidido invitarnos a ver en él, el jueves, El lago de los cisnes. Abandonamos definitivamente la idea de pasear por el barrio pero continuamos queriendo visitar la sinagoga y la Catedral de San Nicolás. La catedral se encuentra en obras y buscando la puerta de acceso nos empapamos como sopas. En el interior de la iglesia ortodoxa abierta al culto y llena de fieles, para nosotros un refugio, acordamos visitar la sinagoga (que esta próxima a nuestro hotel) en otro momento…desde el desayuno solo hemos tomado un café, anochece, hace frío y estamos calados…por unanimidad decidimos ir a comer-merendar-cenar a un buen restaurante.




Cenamos de lujo en el restaurante “Teatro”, frente al Mariinski. Estamos agotados.Luego regresaremos al hotel en bus.

Al llegar al hotel y poner la televisión nos sorprendería la noticia de que al Presidente Obama le han concedido el Novel de la paz. Mael se muestra contento y lo defiende. A Martina y a mí nos parece fruto del populismo, es la primera vez que se da un premio por una declaración de intenciones, y de buenas intenciones esta lleno el infierno y los cementerios. Martina cree que a un político se le debería presuponer la lucha por la paz y el bienestar de los ciudadanos, es su trabajo. Me parece terrible que lo pongan al mismo nivel que Gandhi, Rigoberta Menchu o Teresa de Calcuta. Yo creo que es demasiado pronto y en muchos puntos contradictorio pues Estados Unidos aun mantiene demasiadas guerras…pero ¿qué se puede esperar de un premio que lleva el nombre del inventor de la pólvora?

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