SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

viernes, 16 de octubre de 2009

DIARIO DE VIAJE: SANT PETERSBURGO II

04-10-2009
Madrugamos. A las 8 estamos desayunando en el bar del hotel, y poco después cogiendo un bus hacia el centro de la ciudad. En los primeros contactos con la población observamos que no hay termino medio, o son muy bordes (básicamente los que trabajan de cara al público que parecen ladrarte o perdonarte la vida) o son amables, sin efusividad, eso si. No me extraña, con este frío lo que menos apetece es ser sociable. Nos bajamos del bus frente a la Catedral de de San Isaac, que será el comienzo de nuestro itinerario en este primer día. La sorpresa que encontraremos en la mayoría de monumentos y museos es que no abren hasta las 10 o 10.30 y cierran de 17.00 a 18.00. Esta circunstancia hará que algunos días sacrifiquemos la hora de la comida en detrimento de aprovechar el tiempo, así que cuando nos sentemos después de las 18.00 a comer algo será una comida-merienda-cena.
En la calle hace frío. El día esta cargado de nubes grises y densas y de vez en cuando nos azota un viento glaciar y cruel. El café de esta mañana en el hotel era agua sucia y como tenemos que hacer tiempo y a nadie le apetece caminar por caminar, convenzo, sin demasiada dificultad, a mis compañeros para tomar un café en el cercano, histórico…y lujoso hotel Astoria. Según las guías, en este hotel pensaba celebrar Hitler su victoria sobre Leningrado (San Petersburgo en aquellos años) y dicen que tan seguro estaba de su victoria que incluso mandó imprimir invitaciones con la fecha del evento (9 de agosto de 1942) sin embargo la ciudad resistió y el asedio duró desde 1941 hasta 1944 sin que llegara a ser tomada por el ejercito Nazi. Esas mismas guías explican que una copia de esa invitación a una celebración que jamás tubo lugar, se encuentra enmarcada en el hall del hotel.














Tras un rico (y caro) café que nos hace sentir miembros de la alta sociedad buscamos dicha invitación sin éxito. Preguntamos a una amable recepcionista que corrobora la versión de que los planes de Hitler eran celebrar la victoria sobre la ciudad aquí pero también nos dice que lo de que se conserva una invitación enmarcada en el hall del Astoria es un bulo, pues allí jamás tuvieron dicho documento.
















Cuando salimos del Astoria aun es pronto para visitar cualquier monumento así que paseamos por los jardines del Almirantazgo hasta la estatua ecuestre en bronce de Pedro El Grande dominando el río Neva. Desde allí caminamos por el malecón junto al edificio del Almirantazgo (cerrado al público) hasta el Palacio de Invierno de los zares, actual museo del Hermitage. La fachada principal da a la inmensa plaza del palacio, donde tubo lugar en 1905 la masacre del Domingo Sangriento y en cuyo centro se yergue la columna erigida en honor de Alejandro I. Forma parte del impresionante perfil de la plaza la fachada del Edificio del Estado Mayor con un enorme arco coronado con una escultura de la Victoria en carro.











































Cuando regresamos a la Catedral de San Isaac ya está abierta al público (hay que pagar prácticamente por todo, incluso dentro de los palacios se paga por entrar al complejo ajardinado y luego por cada edificio que se visita. Aunque en ocasiones el precio para extranjeros es hasta 10 veces mas que para los oriundos, tampoco llega a ser excesivo. Así las entradas oscilan entre los 150 y los 500 ruplos – 4 a 15 euros aprox-). La catedral de San Isaac original fue destruida por una inundación y esta se inauguró en 1858. Se trata de la Catedral mas grande de Rusia y durante época soviética fue un museo dedicado al ateismo. Es una inmensa mole de granito cuya cúpula recuerda a la de la basílica de San Pedro en el Vaticano. Está construida con más de 300.000 toneladas de piedra y en su construcción murió una cantidad infame de Siervos. Su interior es tan barroco que daña los ojos: imponentes columnas de mármol de diferentes colores y procedencias, coloridos frescos que representan episodios bíblicos, iconos de estilo bizantino y derroche de policromados dorados en molduras e iconostasios. Hoy aconsejan no subir a la cúpula por la fuerza del viento.


























































































Desde aquí nos encaminamos hacia la avenida más larga y antigua de la ciudad, Nevski prospekt, centro neurálgico, arteria principal de la ciudad en todos los sentidos. Comercios de todo tipo, bares, restaurantes, iglesias, oficinas bancarias llena las dos aceras de esta avenida de más de cuatro kilómetros. El centro de la calle y de la ciudad lo ubicamos en la parada de metro, frente a la cual está la Catedral de Nuestra Señora de Kazán y muy cerca el Museo Ruso y la Iglesia de la Sangre Derramada.

Inspirada en la basílica de San Pedro de Roma la Catedral de Nuestra Señora de Kazán (1811) resulta curiosa en su similitud a un templo griego por la columnata en semicírculo de su fachada. No se paga por entrar por que esta abierta al culto ortodoxo. Su interior está repleto de hermosos iconos que los fieles de todas las edades y condiciones sociales besan y veneran. La gente forma una larga y paciente fila para postrarse ante el Icono de Nuestra Señora de Kazán. Algunos de estos iconos nos llaman la atención no solo por sus policromados sino también porque representan a santos y mártires de la iglesia ortodoxa como la familia Romanov, últimos zares de Rusia ejecutados en 1918 en Yekaterinburg.


















El 1 de marzo de 1881 cuando el carruaje del Emperador Alejandro II pasaba por el malecón del canal Ekaterininski un terrorista lanzó una bomba. El zar bajo del carruaje ileso y cuando estaba viendo el lugar en el que había estallado el artefacto de entre la multitud surgió otro terrorista que lanzó una segunda bomba a los pies de Alejandro II. En el lugar donde murió el emperador se erigió un templo consagrado a la resurrección en el que se enterró a Alejandro II: La Iglesia de la Sangre Derramada. Probablemente se trata del edificio que más rompe con la armonía neoclásica de la ciudad. Erigida bajo una gran influencia oriental, esta iglesia que tardó casi 27 años en construirse y otros tantos en restaurarse, jamás ha estado abierta al culto religioso. Sus coloridas cúpulas en forma de bulbos recuerdan a las del Kremlin de Moscú. Aunque la fachada atrapa la atención del caminante es el interior, dominado por el “horror vacui” lo realmente fascinante. No queda ni un solo milímetro de pared, columna, techos o cúpulas que no estén cubiertos de coloridas teselas vidriadas formando un inmenso mosaico de estilo bizantino con innumerables escenas bíblicas y representaciones de santos y mártires ortodoxos. A pesar de su sobrecargada decoración resulta mucho más armónica, hermosa e impresionante que la Catedral de San Isaac. En el interior, un Ciborio marca el lugar donde están sepultados los restos del Emperador.




































































































Para comer buscamos un restaurante económico pero en el que sirvan comida local (cadena Yalki Palki). Martina y yo probamos el Borsch la famosa y deliciosa sopa de origen ucraniano hecha con remolacha, y stroganoff. Mael y Pili toman Pelmeni y Vareniki (parecido a la pasta rellena). Probamos las bebidas locales muy consumidas por los Rusos Kvas (bebida ligeramente alcohólica de cebada, centeno y remolacha fermentadas) que sabe a sidra y Mors (un zumo rojizo muy consumido elaborado con arándanos). Tras el cafecito yo me atrevo con un revitalizante Vodka al estilo local: a palo seco. Ojo aquí el Vodka se toma en chupitos antes, durante y después de la comida o en cualquier momento del día, tampoco se necesita ninguna excusa especial para consumirlo. A mi me hace entrar en calor y me reconforta…también me pone de mejor humor.














Martina y yo convencemos al personal para ir a visitar un mercado de viejo donde se dice que se pueden encontrar reliquias de la época sovietica. Para nuestra desgracia cuando llegamos ya han recogido y como solo lo hacen los fines de semana ya no lo veremos...en cualquier caso yo me compro un gorro ruso que es lo mas para luchar contra el frío.
























Se propone ir a merendar al famoso café Stolle donde se puede tomar un trozo de una especie de empanadilla rellena y pueden ser dulces o saladas. Acordamos considerarlo merienda-cena. Desde allí, a sugerencia de nuestro guía oficia (Mael) decidimos ir andando al Hotel. Estamos en la isla vasilevsky frente a nosotros, en la otra orilla está la fachada del Hermitage y todo lo que visitamos hoy. El perfil de la ciudad iluminada reflejada en el río bajo una enorme luna llena no podrá ser captado por ninguna cámara (menos con esta), pero la realidad es que tenemos que caminar por el malecón, cruzar un puente sobre el ancho caudal del Neva y ya en el otro lado continuar un buen rato pateando. Mael reconoce haber hecho mal los cálculos espacio-tiempo (físicos, físicos…). El frió al caer el sol es tan intenso que termina doliendo. Martina y Pili aguantan estoicamente la caminata sin decir ni mú a pesar de que tienen que estar reventadas, mas cuando sabemos que Martina lleva unas zapatillas que le hacen daño. Yo simplemente camino con cara de culo pensando todo el tiempo ¿por qué coño no cogemos un taxi?...ah, pero no seré yo el que lo proponga. Compramos algunas cosas en una tienda cerca del hotel y cuando llegamos a este, mientras los 4 tomamos algo en el salón de nuestra habitación hasta nos echamos unas risas. Estamos muertos de cansancio!






















04-11-2009
Madrugamos. Casi todos hemos dormido del tirón. Las camas son cómodas y las habitaciones cálidas…para Mael demasiado, que incluso abrió la ventana. Mientras desayunamos descubrimos que inexplicablemente visitar por tu cuenta los palacios de los zares que hay en los alrededores de San Petersburgo es bastante complicado. No hay autobuses o trasportes directos, en algunos solo durante el estío. Hoy pretendemos visitar dos palacios Tsarskoe Selo y Pavlovsk y para llegar al primero tenemos que coger autobús hasta el metro de Nesvki prospekt, allí el metro hasta la modernista estación de tren de Vitebsk y allí tendríamos que coger un tren…pero cuando hacemos la gynkama nos encontramos que la frecuencia de los trenes hacia nuestro destino es casi nula y tenemos que esperar ¡horas! Hasta el próximo. Nada llevo peor en un viaje que el sentimiento (o certeza) de estar perdiendo un tiempo maravilloso para estar conociendo algo. Optamos por ir en taxi, Pili y yo nos ofrecemos para regatearlo. Sorprendentemente nos sale por menos de lo que creíamos (1400 ruplos, unos 25 euros por llevarnos a unos 30 kilómetros a cuatro personas, caro para el país, pues quizás, pero creo que vale la pena y así lo piensan mis compañeros, a partir de ahora para ir a palacios de las afueras cogeremos taxi).








Los enormes palacios e impresionantes jardines de Tsarskoe Selo se crearon como retiro veraniego para Catalina I, esposa de Pedro el Grande. Posteriormente sería reformado y ampliado por la zarina Isabel y rediseñado por Catalina La Grande. Aunque fue gravemente dañado durante los bombardeos de la segunda guerra mundial, se ha hecho un trabajo magnifico de restauración.



































































































Para trasladarnos al palacio de Pavlovsk, que está muy cerca, utilizamos un medio de locomoción habitual en San Petersburgo y que nos recuerda a otro muy similar de Estambul. Se trata de una especie de furgonetas de uso comunitario o minibús, las marshrutnoye que suelen cubrir rutas y que es un transporte particular que se paga directamente al conductor tras acomodarte.






Pavlovsk data del siglo XVIII, es un gran palacio rodeado de unos cuidados jardines y frondosos bosques en los que hay diseminados pabellones, templos y puentes de piedra. Catalina La Grande regaló esta propiedad a su hijo, el futuro zar Pablo I en 1777 y se lo denominó así en su nombre (Pavlovsk, de Pablo). La esposa de pablo, María Fiodonova fue la encargada de reunir las obras de arte que hay en el palacio y que junto a su marido fue comprando por toda Europa: esculturas, pinturas y sedas. Tras visitar el complejo palaciego nos comienza a llover. Esta oscureciendo y agotados cogemos un bus en dirección a San Petersburgo. De este día no cuento nada más: uno por cansancio, dos, por que este post me ha salido interminable!


























































































(esto es otra comida típica: los Blinis, que son una especie de crepes rellenos de cualquier cosa dulce o salada...nuestra comida-merienda-cena, ya que la guia de Mael - Lonely Planet- esta dejando mucho que desear en este viaje pues muchos de los restaurantes que recomienda ya no existen, agotados entramos en este local de comida rápida rusa especializado en Blinis...rico sin mas, nos habriamos comodo cualquier cosa a esta hora)

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