SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

martes, 15 de septiembre de 2009

DIARIO DE VIAJE: ZÚRICH (11 al 13 -09-2009)

LA CIUDAD SOÑADA POR EL LIMMAT o El día menos pensado puedes descubrir que ya eres muy afortunado.

11-09-2009

Escribo esta breve introducción sentado en el asiento del avión mientras el resto de pasajeros se acomodan, y lo hago con cierta rapidez por que el ruido de los motores, que se me antoja un dulce ronroneo y según una amiga asocio al latir del corazón cuando era un feto en el interior de mi madre, no tardará en producirme un sopor que me exigirá dormir.
Mael se fue el miércoles a Suiza para hacer un curso de radio física, como ya hemos hecho en otras ocasiones aprovecharemos la coyuntura para pasar el fin de semana en Zúrich, a pesar de que el curso lo hace en Lucerna. Hoy termina y hemos acordado encontrarnos a eso de las 17.30 o 18 en Zúrich. Yo decidí coger el primer vuelo para aprovechar un poco más el día y hacer un primer contacto con la ciudad. No hemos estado nunca antes y todo el mundo nos dice que nos encantará. La pena es que será una estancia muy corta, pues el domingo a la 17.30 regresamos a Barcelona.
Fruto de la casualidad es que aquí celebraremos nuestro aniversario…qué romántico!, jé.
Del vuelo ni me he enterado, como en otras ocasiones solo me despierto en el aterrizaje, es un buen método, así si pasa algo no me entero. En el aeropuerto no es complicado conseguir un billete de tren que en un cuarto de hora te deja en la estación central de Zúrich, en pleno centro de la ciudad. Problema: mi móvil no tiene red. Aun no me preocupo, pero Mael y yo no hemos concretado el lugar para encontrarnos, mas tarde buscaré una cabina. Antes de salir de la estación compro en un súper agua y otras cosas para poder comer algo. En el aeropuerto cambié euros a francos suizos (1 euro=1,5 francos suizos aprox).Cierto que el euro es más fuerte que el franco, pero aquí todo se viene a pagar como en Barcelona. Comer fuera o tomar algo sale más caro.
Zúrich es una ciudad que parece de cartón, que parece construida con aquellos edificios que se hacían cuando éramos niños con recortables. Partida en dos por el rio Limmat, a ambas márgenes inclinadas en suave pendiente se recorta un paisaje de edificios de fachadas escalonadas e iglesias de campanario de aguja de ese color verde fascinante que cubre al cobre cuando se oxida. De alguna forma parece una maqueta que a primera vista nos hace pensar en Amberes, Brujas, Gante o Ámsterdam…los balcones que cuelgan de algunas fachadas recuerdan a ciudades alemanas o austriacas y su ambiente al de Múnich o cualquier otra ciudad de las que adoran la vida en la calle como Atenas e incluso Lisboa. Sus callejuelas concurridas repletas de terrazas y rincones deliciosos poseen el espíritu parisino y bohemio de Montmartre…además del rio, varios canales cruzan la ciudad que en algún contra luz puede recordarnos a los de Venecia. Y aunque esta ciudad pueda ser tan evocadora, mantengamos las distancias que hay entre ella y las otras. Ciudad ordenada, agradable, limpia y a la vez jocosa. Se asoma a un gran lago que le confiere el alma de las ciudades con mar, y quizás por eso parece más mediterránea que otras ciudades como Barcelona que cada vez se embute mas en un corsé artificial de hipervanguardia que extermina y condena a la extinción su pasado canalla de ciudad portuaria.


Zúrich es una ciudad tan perfecta en su perfil que parece arrancada del óleo de algún pintor flamenco.


Paseo por las riveras del Limmat cruzando puentes de uno a otro lado. No tengo destino y solo intento disfrutar de lo que mis ojos puedan captar. Me encantan las ciudades atravesadas por ríos, tienen algo de bucólico y nostálgico. Al cabo de un rato paseando me siento al lado de un arcaico “carrusel” que hay instalado sobre un puente y que se activa muy de vez en cuando para pasear a un solo niño. Frente a las vistas del río me hago un sándwich, pues aquí comer en la calle es algo muy habitual, como en Londres.


Luego me interno mas por las callejuelas inclinadas del interior. Aun no he visto ninguna cabina y comienzo a ponerme moderadamente nervioso. A las 2 localizo una y quedo con Mael en encontrarnos en la estación de trenes sobre las 18.00 horas.
Más relajado me siento a tomar un café en una terraza en la populosa calle Munsterg. El día está nublado y aunque en varias ocasiones el sol ha hecho ademán de querer salir el manto tupido de grises nubes lo ha frustrado. Como no sale nadie a atenderme me cambio de terraza y al ver la carta decido que en vez de otro café me tomaré un vino de la toscana de la variedad Pinot Nuar. Algunas terrazas cuentan con mantitas por si el cliente tiene frío poder taparse. Aun sin sol, se está a gusto. Me gusta el ambiente sosegado de la ciudad y por lo poco que he podido observar puedo concluir que los hombres suecos son guapos…lógicamente con muchas excepciones. Tras dos vinos de nuevo a callejear. No quiero visitar nada porque si me gusta querré que Mael lo vea. Las esperas parecen eternas. Al cabo de unas horas, lo son.
Ya en la estación observo a la gente como principal entretenimiento. Me encantan las estaciones de tren. Lugares de reencuentros y despedidas. Lugares de tránsito. Esta muy concurrida. En su interior varios cafés y restaurantes conservan el aire nostálgico de las antiguas estaciones de trenes que en España se han perdido. Tomo café en uno de ellos llamado “Les arcades”. Curiosamente tanto en el interior del local como en las terrazas, que están dentro de la estación, se puede fumar. Son mucho más permisivos con este tema.

Cansado de esperar.
Quiero que Maelito llegue ya. Total, que quizás no fue tan buena idea venirme tan pronto.
A las seis de la tarde nos encontramos. Mael muy contento con su curso. Vamos al hotel, situado a diez minutos del centro caminando. Es lo mejor que encontramos por internet en cuanto a económico (aquí los hoteles son caros). Este, de EASYJET, impersonal y sin ningún encanto, nos cuesta 100 francos suizos la noche. Tiene un baño que recuerda a los que se montan en los conciertos y por ser minimalista no tiene ni una triste mesita, ni un armario, ni una silla…ideal para la gente que va de paso y tiene que hacer una noche o para los que quieran pasar un rato con una prostituta. Totalmente desaconsejable: ojo muy limpio sí y muy cómoda la cama, también.

Tras acomodarnos y ducharnos damos una vuelta por el centro de Zúrich. El barrio en torno a la catedral Grossmünster (Este del Limmat), es, de las dos riveras, el más concurrido, desenfadado y alternativo. La rivera oeste acoge más centros comerciales y tiendas de firmas internacionales. No obstante tiene un par de iglesias interesantes y fundamentales en el perfil de la ciudad y el barrio más antiguo de la ciudad, Lindenhof, de origen romano, desde el que hay unas vistas panorámicas fascinantes de la ciudad en torno al rio que se extienden hasta el lago.
Cenamos en la calle Munsterg (descubriremos que la comida en esta populosa calle es muy mediocre a pesar de los abusivos precios, unos 80 euros por cenar sin lujos) y nos acostamos pronto para estar descansados y abordar con energía la visita a la ciudad.
12-09-2009

A noche, en el Hotel planificamos la visita de hoy. Básicamente la ciudad se puede visitar paseando en un día, al no ser que te quieras entretener en museos que, sin intención de ofender, a nosotros en esta ocasión no nos llaman la atención.

Hacemos una ruta comenzando desde la estación por toda la parte este hasta la catedral. Recordemos que las iglesias protestantes son en su interior muy austeras pues carecen de adornos, imágenes y cualquier tipo de santo.

La gran catedral, cuya fundación se remonta a época de Carlomagno (una grotesca estatua de él gobierna desde la fachada oeste sobre el Limmat, aunque es una reproducción, la original, muy deteriorada, está en la cripta). Quizás lo más bello de la catedral sean su puerta principal con escenas bíblicas labradas en bronce, y sus frisos románicos (externos e internos).


Al otro lado del rio, misma austeridad interior presentan las iglesia gótica de Fraumünster (antiguo convento de monjas, cuyo atractivo principal son cinco vidrieras pintadas por Marc Chagall y algunos restos carolingios)


y la románica iglesia St. Peter (en el que destaca el torreón donde se encuentra el reloj con las esferas más grandes de Europa).

Las cúpulas de ambas son maravillosas. Del museo nacional, junto a la estación de trenes, nos quedamos con el edificio.
Llegamos hasta el lago y luego de nuevo en el margen oeste de la ciudad, subimos hasta Lindenhof, una especie de parque tranquilo y atestado de turistas desde el que se tiene una vista espectacular del margen derecho de la ciudad.






Visitamos en la calle Spiegelgasse el Cabaret Voltaire, o lo que de él queda. Lugar en el que en 1916 se fundó el movimiento cultural Dada que posteriormente influiría en el surrealismo. Tras comer algo vamos al hotel a descansar.



Hacemos una copa en una placita encantadora y cenamos en el Zeughauskeller, restaurante típico Zuriqués, con mobiliario de madera e interior rustico. Compartimos mesa con otras dos parejas de desconocidos (algo que nos recuerda a babaría). No podemos resistirnos a tomar una cerveza que se prepara en este local, como especialidad, en una copa brutal: primero vierten en el fondo un liquido color whiskey al que le prenden fuego que se apaga al vaciar sobre él y de golpe la cerveza, para finalizar a la espuma se le añaden unos granos de cebada tostada…simplemente DE-LI-CI-O-SA! Pedimos un par de especialidades típicas que también están de escándalo. Nos viene a costar lo mismo que hemos pagado en otros restaurantes cuya comida era de peor calidad así concluimos que para comer bien, los locales clásicos e históricos como este o Oepfelchammer o Adler, s Swiss Chuchi. Excelente relación calidad precio.



Antes de acostarnos echamos un ojo a los locales de ambiente que se encuentran todos en la rivera este. Nada nuevo bajo el sol.

13-09-2009 (escrito por Mael)

Hoy nos hemos levantado hacia las 9 aqui se abandonan las habitaciones a las 10). Rápidamente hemos hecho la maleta y hemos ido a la estación de trenes donde las hemos dejado en una taquilla. Seguidamente hemos cogido un tren a Uetliberg, una montaña a 7 kilómetros del centro con vistas espectaculares de la ciudad.
En el tren Carmelo se ha enfadado porque ha visto que todo el mundo iba preparadísimo con botas, palos, polares…y creía que era un sitio para hacer alta montaña y él iba con zapatos y tejanos. Yo he intentado quitar hierro al asunto y para sorpresa de ambos una vez bajados del tren hemos tardado 20 minutos en subir a la cima.
Desde allí había distintas rutas para hacer y hemos seguido a los excursionistas.
En breve hemos llegado a un mirador: preciosas vistas de Zúrich pero el día estaba un poco nublado. Carmelo ha dicho que teníamos que continuar con otra ruta porque le parecía muy corta la excursión.
En este trayecto hemos visto unas esculturas de jirafas con 4 farolas en la cabeza que a Carmelo le han gustado mucho. Hemos continuado la excursión y de repente nos hemos dado cuenta que estábamos haciendo el camino de los planetas era como una gincama para niños aunque a mí me ha hecho mucha gracia. Hemos ido desde el sol a Urano, aprox una hora de caminata entre frondoso bosque. Luego hemos regresado a la estación. Hay que decir que había muchos Zuriqueses de excursión en este sitio: desde familiar hasta parejitas de ancianos.
En el aeropuerto embarcamos a las 17.00 aprox y cuando nuestro avión estaba cogiendo máxima velocidad para despegar se ha escuchado un ruido brutal en un motor y a segundos de elevar el aparato el piloto a decidido frenar. Todos nos hemos estampado contra el sillón de delante. Todos nos hemos asustado, más cuando al salir el avión de la pista de despegue hemos visto como se acercaban camiones de bomberos en los que podía leerse “extinción de incendios”. De nuevo en la sala de embarque hemos podido ver el motor destrozado, en principio por algún pájaro.
Tenemos que esperar 4 horas a que nos cambien de avión. Reconocer el buen trato y la información por parte de la compañía SWISS international Air Lines. Mientras nos comíamos un sándwich durante la inquieta e interminable espera hablamos de que el día más inesperado podemos sentir que somos muy afortunados.

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