SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

lunes, 18 de octubre de 2010

CAPITULOS 28 y 29 LIBRO "NARANJAS" : CARMELITA

XVIII




Carmelita hace la primera comunión. En el patio de su abuela sus tías y primas la admiran. A su alrededor parecen gallinas. Que guapa. Parece una novia. Una muñequita de porcelana. Un ángel. Nada de lo que lleva puesto es de su propiedad. Su madre, ha hecho verdaderos milagros para poder vestirla. El vestido blanco es de segunda mano. Donde no hay matas no hay patatas. Está pasado de moda, le queda corto y ancho. Tan hermoso vestido había servido para que la hermana menor de su padre, la tía Conchita, casi de su misma edad, hiciera la comunión. La madre de Carmelita debía estar agradecida con su suegra por habérselo prestado. Las dos mujeres nunca se hablaban. El rencor mutuo viene de lejos. La suegra nunca quiso, la nuera nunca se sintió querida. Suficiente motivo para odiarse toda la vida.

Inocencia paso varios días lavando y almidonando el vestido para eliminar el olor a bolitas de alcanfor. Es de bien nacida ser agradecida. Mira a su pequeña carmelita, la mayor de sus hijos. Que guapa, toda de blanco. Parece una princesa. Pudo reunirlo todo antes de la fecha, asta lleva una medallita de oro de su difunta madre. Su única herencia. Con alfileres le ha entallado un poco el vestido, aunque lo que no pudo conseguir prestado ni tiene reales para comprarlos son los zapatitos blancos. Carmelita lleva puestas las sandalias de goma con las que trabaja en el campo. Vaya, las únicas que tiene y que a veces comparte con sus hermanos. El vestido me molesta. Niña rebelde. No te subas el vestido que se ven las sandalias y lo estropeas todo. Cuando se cansa de abrazarla, de besarla y de decirle lo guapa que está la manda pa casa de su suegra. No quiero ir ancá mama Carmen. Es tu abuela y es gracias a ella que tienes este vestido. Pero es que…Punto en boca. Vas que a ella le hace ilusión, eres su primera nieta. Y no te manches por el camino, ni te quites los guantes. Los blancos guantes de carmelita ocultan unas diminutas manos llenas de arañazos. ¿Es de jugar con los gatos? Podría, pero no tiene demasiado tiempo para jugar. Son de coger algodón. Los sabañones de las orejas y de los dedos de los pies son del frió.

Inocencia, preñada de ocho meses del noveno de sus hijos, espera, a la puerta de su chozo, bajo la sombra del laurel, hasta que carmelita, rodeada de sus hermanos mayores entra en el pueblo.

En el patio de su abuela, cuajao de flores como pocos, hay un retratista. Mama carmen puede permitírselo, tienen tierras, olivos, mulos, gallinas y cabras. Solo el patio de la abuela carmen es tres veces el chozo donde vive carmelita con sus siete hermanos y sus padres. Carmelita es un gatillo salvaje. Su abuela la mangonea. Te haremos un retrato. No quiero retrato. Si me contestas otra vez te cruzo la cara de un bofetón, mocosa, a ver si crees que el retratista está aquí por gusto. Mejor sentada, aconseja el retratista. Carmelita tiene cara de enfadada. Sus tías sacan una silla de enea al patio. Mama carmen quiere que en el retrato salga la palmera que tiene en el centro del patio y que su abuelo trajo de la guerra de cuba. El retratista busca el lugar con mejor luz. Sientan a Carmelita en la silla. Niña, ríete un poco. El retratista, tras aquel aparatoso cajón ya está a punto. Mama carmen lo para. Por el amor de dios, ponerle a esta niña algo en las manos. Ya tengo un ramo de flores, mama carmen. Pero es que son de papel, niña. Las hizo mi madre esta noche. Son tan feas. A mi me gustan, abuela. Para hacerte el retrato coges estas, a la iglesia lleva las que quieras. El retratista tras el cajón. Uno, dos, y… ¿Qué pasa ahora? ¡Que horror, se le ven las alpargatas de plástico! Tapárselas con el vestido. ¡Que desastre! Que alguien suba al palomar y pille un par de palomas. El tío Diego baja las palomas. Mama carmen le arranca plumas de las alas para que no puedan volar y las ponen a sus pies. Ahora.

Uno, dos y…una paloma intenta volar, no lo consigue, pero en su salto frustrado ha ido a parar a la cabeza de Carmelita, la paloma intenta estabilizarse, pierde equilibrio, en su lenta caída arrastra hacía atrás el velo que le cubre el pelo…tres.



XIX



Carmelita solo tiene una fotografía de cuando fue pequeña. Aquella foto en blanco y negro que con los años se había tornado color sepia. Odiaba aquella foto. Se compadecía de aquella pobre niña. Las palomas siempre le habían dado, a partes iguales, miedo y asco. Mama carmen se encabezonó en que salieran palomas y estas estropearon la foto. Al caer hacía atrás el velo que le cubría la cabeza, quedo al descubierto parte de su pelo. Carmelita detestaba de aquella foto lo que no se veía pero que ella sabía que estaba. En la foto no solo hay una niña lista para hacer su primera comunión. Hay una niña que ya trabajaba en el campo. Con un vestido prestado. En casa de la única abuela que tenía con vida. Una abuela que nunca quiso a su madre. Una niña que pensaba que el embarazo es una enfermedad crónica. Una niña que no estaba harta de comer. Tras la foto su abuela les dio de desayunar a ella y a sus hermanos. Pero a mama carmen le sobraba y a Inocencia a duras penas le llegaba. Bajo los guantes los arañazos producidos por las espinas de los capullos de algodón. Bajo el vestido prestao unas sandalias de plástico que no resguardaban del frío ni de la lluvia. La niña de la fotografía no ríe. La paloma dejo al descubierto que bajo el velo lleva el pelito corto. Sus hermanas cogieron piojos y su madre, como medida preventiva, se lo dejó a todas cuatro dedos por encima de los hombros. Carmelita se observa en la fotografía. Sus ojos de ahora escudriñan sus ojos de antes. Aquel rostro serio, enfadado. Mira las fotos de sus hijos a esa edad. No es solo enfado lo que hay en los ojos de la carmelita niña…lo que hay en aquellos ojos es precisamente lo que falta… ¿Cómo puede una niña de ocho años tener la mirada desilusionada de un anciano?

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