SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

domingo, 16 de mayo de 2010

EL CAIRO o NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (Octubre 2008)

Cuando era pequeño yo y mis hermanos dejábamos volar nuestra imaginación viendo las imágenes coloristas de tierras lejanas y monumentos fascinantes del desgastado libro “LAS MARAVILLAS DEL MUNDO” que mis padres tenían.


Cuando Pilar, enamorada de un cairota, me propuso acompañarla al cairo durante una semana mi corazón se aceleró, luego puse los pies en tierra y le comenté lastimeramente que no tenía ni un duro en ese momento. Ella, en un alarde inesperado, pero muy en su línea, de bondad, se ofreció a pagarme el viaje: ella quería ir para encontrarse con aquel amor, pero no se atrevía a ir sola. Quid Pro cuo.


Así fue como nos vimos embarcados en este maravilloso viaje. Cuando llegamos al aeropuerto del Cairo el amigo de Pilar nos estaba esperando y nos acompañó hasta nuestro humilde pero céntrico hotel. Antes de emprender el viaje Pilar y yo habíamos puesto sobre la mesa los intereses que nos movían a cada uno y habíamos alcanzado acuerdos razonables para poder combinar salidas con su amigo con visitas turísticas, así que tuve que resignarme a no poder abandonar el Cairo a pesar de estar en un país lleno de monumentos y templos que tendrían que esperar a otro momento. Teniendo claro que nuestro destino era el Cairo, el interés estaba en visitar la meseta de Guiza, donde se encuentran tres de las pirámides mas famosas del Imperio Antiguo, la necrópolis de Saqqara, la antigua Menfis, el Museo Egipcio y una escapada a Alejandría…si cumplíamos con esto yo me daba con un canto en los dientes.


El Cairo es una ciudad fascinante y caótica que lucha por no ser engullida por el desierto. El bullicio de esta ciudad que no duerme coge al viajero por sorpresa, la gente que lo invade todo y el trafico enloquecido pueden hacer que el turista que viaja por libre, sin la “protección” de guías, sienta un cierto vértigo. Uno no tarda en acostumbrarse y ver en esto parte de su encanto, también se hace adicto a las descargas de adrenalina y termina encontrando un placer masoquista en los dos deportes de riesgo de esta ciudad: cruzar una calle, ya que te tienes que lanzar pues los coches no paran y los pocos semáforos son un simple adorno; y montar en taxi por la imprudente y temeraria forma de conducir en este océano de coches destartalados que escupen nubarrones negros por los tubos de escape y producen un sonido atronador al que se une el continuo sonar de las bocinas…cuando le preguntamos a uno de los taxistas que por que toca el claxon constantemente y sin motivo aparente nos contesta “música”…se fuma en los taxis y cuando quieres bajar o subir una ventanilla el taxista, sin dejar de conducir, busca la maneta por algún rincón del vehículo.


La primera noche respiramos el ambiente festivo de una ciudad musulmana en pleno mes de Ramadam que espera a la puesta del sol para lanzarse a la calle a comer algo y tomar un refrigerio o fumar en narguile. El famoso mercado de Khan Al-Khalili es puro bullicio y nos cuesta trabajo encontra un sitio para tomar algo el Bar de los espejos.


El primer día, sin mas dilación, Pilar y yo vamos a visitar la meseta de Gizeh y no me avergüenza reconocer que al verme ante la mirada eterna de la Esfinge y tras ella las tres fascinantes pirámides de Kefrén, Keops y Micerinos no pude evitar unas lágrimas de emoción a pesar de las burlas sarcásticas de mi acompañante. “cuarenta siglos de historia os observan ” le había arengado Napoleón a sus soldados ante la hierática mirada del que para algunos es el rostro del faraón Kefrén y para otros es una escultura indatable y mucho mas antigua que cualquiera de las pirámides de Egipto. Nos acercamos a las Esfinge todo lo que nos permiten, ya que en la actualidad se ha descubierto que la piedra de sus cimientos está afectada por una enfermedad que está acelerando su deterioro y están intentando solucionarlo y de paso restaurarla. Desde aquí vamos hasta la pirámide de Kefrén y entramos en su claustrofóbico interior, para entrar el la Gran Pirámide (Keops) tendremos que esperar una hora, las visitas están limitadas y el precio es el doble que el de la anterior. La pirámide de Micerinos no está abierta al publico, no obstante aunque los autobuses cargados de turistas siempre hacen el mismo recorrido: esfinge, Gran pirámide y vista panorámica, la gente te pierde pasear, e incluso visitar, las pirámides de las reinas, tumbas de arquitectos y nobles o el museo de las barcas solares (estéticamente horrible) en cuyo interior se puede contemplar una barca perfectamente conservada que fue encontrada en un foso de los cinco que se hallaron en torno a la pirámide de Keops y que formaba parte de su ajuar funerario.

Por la noche, rojos como gambas por culpa del sol abrasador del desierto, volvemos a quedar con el amigo de pilar que nos invita a un agradable…y romántico (yo hago de carabina) paseo en falúa por el Nilo.


La mañana siguiente la dedicamos al museo Egipcio del cairo. Fundado en 1858 por Auguste Mariette en la actualidad alberga mas de ciento veinte mil objetos de cada uno de los periodos del arte Antiguo Egipcio de los que solo se exponen una cantidad infima…aun así se necesitarían semanas para visitarlo y dedicarle a cada una de sus obras el tiempo que necesitan ya que a parte de contener obras de la talla del escriba sentado, esculturas de Rahotep y Nofret, el fresco de las ocas de médium, varias esculturas de la época del faraón hereje (Akenatón) y su esposa (Nefertiti), las triadas de micerinos, la estatua de zoser, infinidad de esculturas, colosos, y sarcófagos…tambien en la primera planta se pueden visitar las galerías dedicadas a la tumba de Tutankamón donde uno de nuevo es asaltado por el síndrome de Stendhal ante piezas como el trono del faraón niño, los cuatro tabernáculos que encajaban uno dentro del otro como muñecas rusas, el inacabable ajuar que lo acompañaba cuando fue descubierta su tumba el 4 de noviembre por Howard Carter, pero sin lugar a dudas lo mas fascinante son los tres sarcófagos que encajados uno dentro del otro y adornados de oro y piedras preciosas contenían el cuerpo del faraón cubierto por una de las piezas mas bellas del mundo antiguo, la mascara funeraria de Tutankamón, labrada en oro macizo y engarzada de piedras preciosas como lapislázuli, obsidiana, cuarzo y feldespato que intentan reproducir con fidelidad el rostro del faraón. Sin lugar a dudas la tumba mas opulenta descubierta hasta la fecha, no por que otras lo fueran menos, sino por que esta nunca fue saqueada en la antigüedad. También en la misma planta podemos enfrentarnos cara a cara a las momias de algunos de los faraones y reinas mas poderosos del antiguo Egipto, como Seti I, Tutmosis II y IV, el gran Ramsés II o la poderosa y fascinante Hatshepsut.


La noche la dedicamos de nuevo a disfrutar del Ramadan, en las esquinas la gente regala dátiles y una especie de leche dulzona hecha hirviendo en ella diferentes tipos de frutas secas.


El tercer día lo dedicamos al Cairo Islámico, al Cairo copto(Iglesia Colgante, iglesia de San Sergio…), a la ciudadela de Ibn Tulum y a la Ciudad de los Muertos (un gran cementerio que se ha convertido realmente en ciudad ya que en el conviven vivos y muertos). Por la noche, cuando el amigo de Pilar nos deja en el hotel, nosotros nos escapamos a cenar en un restaurante que es un barco amarrado en el Nilo. De esta forma vamos compaginando el comer a lo largo del día cualquier cosa en lugares humildes, con el hecho de permitirnos el capricho de cenar en alguno de los restaurante mas prestigiosos en estos momentos en el Cairo…el precio, al hacer el cambio a euros, vendría a ser similar al de cualquier restaurante de nivel medio en Barcelona.


El cuarto día contactamos con un chofer del que nos habían hablado en Internet, nos lo aconsejaban para realizar algunas escapadas alrededor del Cairo y lo describían como honesto, económico y además hablaba castellano. Así conocimos a Hanni, con el cual volveríamos a coincidir un año despues…pero eso es otra historia. Con Hanni pactamos el precio para visitar la necrópolis de Saqqara, mucha gente desconoce que en Egipto no solo hay tres pirámides, realmente el número esta en torno a cien, a nosotros nos interesaba sobre todo el complejo funerario y pirámide escalonada de Zoser, y las pirámides menos visitadas de Unas, Userkaf, Teti, Pepi II, Sekhemket y otras tumbas secundarias y templos menores. Desde allí iríamos a Dahshur, al sur de Saqqara para visitar la pirámide romboidal y la pirámide roja. También pasaríamos por la triste y casi olvidada Menfis, la que fuera en el pasado capital del Imperio Antiguo es en la actualidad una aldea y de su pasado glorioso como capital del imperio unificado del alto y bajo Egipto tan solo queda un humilde museo cuyo mayor atractivo es una inmensa estatua de Ramses II.


El quinto día madrugamos para coger un tren (Pilar, su amigo y yo) en la estación Ramses destino Alejandría. La ciudad fundada por Alejandro, que antaño albergara el faro que fue maravilla del mundo antiguo o la biblioteca mas grande del mundo…e incluso la propia tumba de Alejandro…ahora tan solo es un eco de lo que fue. Nos encontramos su museo Egipcio cerrado, lo que no hace mas que aumentar mas mi decepción pues al final lo único atractivo de la ciudad serán las inquietantes catacumbas de Kom ash-Shuqqafa y pasear por el puerto oriental pues aquel sigue siendo el mismo mar en el que la historia escribió tantos de sus capítulos y bajo sus aguas aun se ocultan grandes tesoros. Tras la decepcionante visita a Alejandría y de vuelta al Cairo hablo con Pilar y decidimos darnos libre el siguiente día, Pilar lo pasará con su amigo en plan romántico, yo ya me atrevo a moverme solo en esta ciudad y quiero volver con mas calma a visitar la meseta de Gizeh y también el museo Egipcio. Pilar se muestra de acuerdo su amigo se muestra preocupado…justo es lo que me agobia, lo hace con muy buena intención, pero me sobreprotege, creo necesario un día de descanso.


Madrugo, ya en la puerta del hotel, uno de los policías que vigilan la entrada (desde los ataques terroristas de hace algunos años a turistas siempre hay una pareja de policías y un detector de metales en la puerta de los hoteles), con el que ya hemos simpatizado y que a propósito es muy a tractivo, me para un taxi y al contrario de lo que hacemos siempre no tengo que regatear precio por que el policía le dice al taxista que me lleve a las pirámides y el propio policía marca el precio sin derecho a replica por parte del taxista, es un precio francamente favorable para mi. Yo hoy, como cada uno de los días, voy vestido como un antiguo explorador europeo. Me regocijo en la contemplación de las piedras y de las pirámides, de nuevo vuelvo a la esfinge y de nuevo, con mucha calma, entro al interior de las pirámides y pego mi cuerpo húmedo y sudoroso a sus paredes frías y perfectas como un iluminado que intenta entrar en contacto con el momento en que fue construida. Es interesante constatar aquí el calor húmedo y sofocante que hace dentro de las pirámides, de todas las de Gizeh son las mas frescas, las de Saqqara son francamente bochornosas y algunas incluso huelen a amoniaco. De esta forma cuando uno sale de su interior, a pesar del calor del desierto se siente refrescado. Una vez en el exterior decido caminar un poco en la dirección opuesta a la que van las bandadas de turistas para obtener una vista panorámica del conjunto. En la soledad de una colina me siento a contemplar el conjunto. Desde allí cojo un taxi hasta el museo del cairo, y de nuevo visito cada una de aquellas estatuas y esculturas valiosísimas que parecen puestas con descuido en este museo en el que los primeros en poner las manos sobre estos tesoros de la antigüedad son los guías que llevan a grupos, el polvo se acumula sobre las esculturas y tras la indignación que te invade al principio terminas aceptando que forma parte del encanto. Me quedo a solas (con un guardia) durante unos minutos, frente a frente, ante la mascara de Tutankamón, cuando la charla silenciosa y antigua en la que estábamos abstraídos es rota por otro ruidoso grupo de turistas decido que es hora de despedirme, por ahora, del museo. Me siento agotado y sediento…quiero agua…y una cerveza…algo bastante difícil fuera de los hoteles y mas ahora que es Ramadam…en mi vuelta hacia el hotel paso junto al Hiltom…me miro, mi camisa de algodón blanca está manchada de arena amarillenta del desierto, mis botas también, el cuello de mi camisa luce un circulo enorme de sudor…parece que haya estado desenterrando al propio Tutankamón…venzo la vergüenza y aun con miedo a ser rechazado entro, pregunto por el bar y allí me tomo un litro de agua fría y una enorme cerveza SAQQARA! Luego de mi necesario refrigerio quedo con Pili.

Los últimos días los dedicamos a visitar mezquitas, regresar casi cada noche a Khan Al-Khalili y cenar en restaurantes de barrios como Doqqi, Zamalek, la isla Gezira, o el centro del Cairo.

Cuando planeábamos este viaje al calor de un orujo (de hiervas el de Pili, el mío Blanco), pensábamos que una semana únicamente en el Cairo era demasiado tiempo, ahora nos vamos pensando que podríamos vivir en esta ciudad una buena temporada antes de afirmar que la hemos conocido, yo vuelvo queriendo regresar a Egipto y compartirlo con Mael, Pili regresa a España enamorada y soñando con una vida diferente en el Cairo…abrá cosas que no ocurriran, pero lo que nunca podremos decir es que lo vivido, difícilmente constatable en unas pocas líneas o unass cuantas fotos, fue un sueño.


VIDEOS:

http://erranteandaluz.blogspot.com/2009/08/diario-de-viaje-el-cairo-y-alejandria.html

http://erranteandaluz.blogspot.com/2009/08/diario-de-viaje-el-cairo-y-alejandria_12.html

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