SI NO SABES AMAR, TU VIDA PASARÁ COMO UN DESTELLO

Mostrando entradas con la etiqueta China. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta China. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de julio de 2009

DIARIO DE VIAJE: CHINA - TIBET - NEPAL (IV)

Dias 9, 10 y 11-05-2009


ASCENDIENDO AL PAIS DE LAS NIEVES PERPETUAS




Xining había marcado un punto de inflexión en la planificación de nuestro viaje. Mael consideraba innecesario perder una noche aquí. Tenía razón. Pero el problema era que nos habíamos visto obligados, según las normas establecidas por el gobierno chino tras los incidentes en Tíbet el año pasado (2008), a buscar una agencia de viajes que solicitara nuestro visado de entrada a Tíbet así como el de visita por el país de las nieves perpetuas. Este último permiso tenía que detallar al milímetro los lugares que nos interesaba visitar y la ruta a seguir, ya que si después surge la idea de visitar algún lugar y este no aparece en el permiso, no lo podremos visitar. El alberge juvenil que habíamos reservado en Lhasa se ofreció a gestionárnoslo, así como un guía, un chofer y un 4x4 para los 14 días que íbamos a permanecer en el Tíbet, dentro del precio que nos ofrecían también se incluía el billete de tren Xining-Lhasa. En la actualidad, a parte de los visados, es necesario un guía para poder visitar los monasterios. Todo lo anterior nos costó unos 600 euros por persona (sin incluir entradas, alojamiento y comidas), una pasta para lo que es Tíbet, pero si tenemos en cuenta que el resto de agencias que consultamos en Pekín y Lhasa nos cobraban por lo mismo el doble o más, resultaba una ganga. Aquí está el negocio para el gobierno chino, hacer del Tíbet un destino turístico exclusivo y a la vez que controlan al turista obligándolo a llevar un guía que vele por que se relacione lo menos posible con monjes o población o local, cobrarle a precio de oro esta exclusividad. No hay otra explicación para justificar esta burocracia de permisos, agencias y guías.

El tema es que alguien de la agencia de viajes (nuestro Hostal en Lhasa) nos tenía que hacer entrega en Xining de los billetes de tren a Lhasa y del visado de entrada a Tíbet, así que al final claudicamos y decidimos hacer una noche en Xining a fin de facilitar a la persona de contacto un lugar exacto para localizarnos. Para simplificarlo aun más les pedimos que fueran ellos los que nos gestionaran el hotel en el que nos alojaríamos esa noche. También le comunicamos vía internet el tren que cogíamos en Xi´an y la hora aproximada a Xining. Este contacto era fundamental, pues si fallaba lo de menor era los 300 euros que ya habíamos adelantado, el problema sería que no podríamos entrar a Tíbet y tendríamos que cambiar el rumbo de nuestro viaje. Así pues Xining era una estación de tránsito, aunque necesaria.

El viaje en tren desde Xi´an hasta Xining fue agradable. En nuestro compartimento, además de nosotros dos, había cuatro chinos jóvenes para los cuales resultábamos un curioso divertimento. Como no habíamos encontrado el bar del tren, bien porque no había, bien por que estuviera cerrado, tuvimos que conformarnos para cenar con comprar un par de botes de fideos desecados a la señora que pasaba con un carrito.


Estos fideos, muy populares entre los chinos y muy anunciados en la TV, pueden ser de diferentes sabores y se preparan añadiendo al bote agua hirviendo. Dentro del bote hay unos sobres con salsas y polvos que determinan el sabor cuando se añaden al agua y un práctico tenedor. A fin de poder preparar estos fideos o de rellenar los botes cilíndricos en los que muchos chinos llevan hojas de té, en cada compartimento hay un termo con agua hirviendo. Nuestros jóvenes compañeros de viaje, divertidos a la vez que serviciales, nos enseñan cómo prepararlos y, atentos como si fuésemos invitados en sus casas, fueron a por más agua y se rieron viendo como comíamos.

Cuando, a la mañana siguiente llegamos a la estación de Xining, en el exterior nos esperaba una joven china sujetando un gran cartel con nuestros nombres. Era nuestro contacto (quería poner esto porque le da un toque de novela negra, je). Nos dio los billetes de tren y el permiso de entrada a Tíbet.


Era tímida e intentaba ser complaciente, sin embargo yo me enfade nada más ver los billetes, ya que aunque sabíamos que de nuevo se trataba de nuestras viejas conocidas: “literas duras”, cada uno estábamos en un compartimento distinto. Ella se justificó diciendo que ella no había comprado los billetes, pero aun así yo me mostré molesto el resto del camino hacia el hotel. El hotel, a pocos metros de la estación, era un bodrio. Se trataba de una inmensa mole en cuyo interior los delirios de grandeza y de lujo antaño fingidos había mutado en una evidente decadencia. Los pasillos enmoquetados, anchos y largos, así como la soledad silenciosa del recinto me hicieron pensar en el hotel de “El Resplandor”.


La habitación, con una gran ventana que prácticamente ocupaba una pared, era amplia y cómoda. En el baño la ducha era directamente al suelo y como el sumidero estaba atascado no tardaba en hacer piscina. El papel higiénico, como en todos los Alberges en que hemos estado, escaso, pero no nos preocupa porque llevo días robando en los bares y restaurantes a los que vamos…si tienen, claro. Una vez instalados y duchados nos vamos a dar un paseo por la ciudad. Ahora ya solo teníamos que esperar unas 24 horas a la salida de nuestro tren hacia Lhasa.
En la calle algo había cambiado, los rasgos de la gente eran más variados, y no vimos ni a un solo occidental.

Xining es una ciudad de casas bajas, aunque en el centro se levantan algunos grandes edificios. Por el centro transcurre un caudaloso rio. Es limpia y tranquila. El mayor atractivo es sin lugar a dudas su mercado, y concretamente la calle en la que hay una gran cantidad de puestos grasientos de comida local rápida, que se exhibe en escaparates de cristal, a punto para ser cocinada. No nos atrevimos a comer nada más que unos dulces fritos,

para comer algo nos fuimos a una especie de McDonald chino y el remedio resultó peor que la enfermedad. Compramos en un supermercado fruta y yogur para cenar y regresamos al hotel tras echar unas postales en la oficina de correos.





A la mañana siguiente no madrugamos. Cuando nos despertamos nos vamos al centro de la ciudad con mono de tomar un buen café, algo bastante improbable. Buscamos un hotel de lujo y en el bar nos traen el café con leche en tazas de “diseño”.


El lugar nos gustaba tanto que decidimos comer aquí, y como nadie habla inglés Mael sacó su traductor que fue el protagonista de una divertida anécdota: La frase a traducir era “¿tenéis sándwiches?”, el traductor la pasó a chino y llamamos a una elegante camarera y se la enseñamos. Ella la leyó perpleja y se ruborizó. Se marchó rápidamente a comentarlo con otra compañera y en cuestión de segundos eran un coro que murmuraba y miraba hacia nosotros. Al cabo de un momento vino a nuestra mesa el encargado. Mientras tanto Mael había descubierto que el traductor podía haber traducido nuestra pregunta al chino como “¿tienes calambres?” y a saber como lo había interpretado ella. Nos reímos a gusto mientras esperábamos nuestra hamburguesa.


Nos fuimos pronto a la estación de trenes y resultó un acierto. Para nuestra sorpresa y en contra de lo que mucha gente comenta en internet, el control para acceder al tren Xining-Lhasa era mucho más estricto. Tras pasar nuestro equipaje por las cintas los militares nos pidieron los billetes, los permisos de entrada a Tíbet, el pasaporte y el visado chino. Los comprobaron y los apuntaron. El equipaje, junto con la teja Ming, no resultó ningún inconveniente, a pesar de que en principio era lo que más nos asustaba del control. Luego pasamos a una sala de espera donde, sentados en el suelo, estuvimos más de una hora esperando al tren bajo la mirada curiosa de chinos y del primer grupo de monjes tibetanos que veíamos.


En el tren Mael y yo estábamos en compartimentos contiguos. Gracias al traductor logramos cambiar el billete con un joven que se mostró muy contento pues la litera de Mael era más cara que la suya. Descubrimos que se trataba de una gran familia de chinos que viajaba repartida en varios compartimentos. Los padres eran muy educados pero los más jóvenes eran todo lo contrario.


En este tren sí había bar, aunque tenían un horario extraño y solían echarte tras cenar. Nos esperaban 30 horas de viaje en ascensión hacia el país de las nieves perpetuas, en algunos tramos superaríamos los 5000 metros de altitud y eso nos angustiaba porque no sabíamos cómo iban a reaccionar nuestros cuerpos a la altura.



Aunque en cada litera había una cajita para el oxígeno, no había mascarillas con lo cual no sabíamos si es que tenías que estar muy chungo para avisar a alguien del tren y que te enchufaran la máscara y el oxígeno.



El primer día cenamos en el restaurante del tren, escribíamos postales y vimos como por la ventana transcurría el paisaje y caía la noche. La noche fue terrible pues no pude dormir debido a los ronquidos de mi compañero de litera (un chino sin brazos).





Temprano me senté en uno de los sillones desplegables que hay en el pasillo con una pequeña mesa y esperé a que Mael despertara mientras surgía el sol tras unas nubes bajas y densas.


El paisaje árido salpicado aquí y allá de oscuras tiendas de nómadas, los primeros rebaños de yaks, las montañas nevadas y algunos lagos que agitados por tormentas parecían océanos embravecidos. En ocasiones notábamos la falta de oxígeno pero no sabíamos si se trataba de algo real o psicológico. En el pasillo, un indicador digital señalaba la próxima parada y los metros de altitud a los que nos encontrábamos.











Fuera transcurre el día y el clima varía desde cielos azul turquesa con enormes y bajas nubes blancas, hasta intermitentes tormentas de nieve o lluvia. Es romántico viajar en tren, aunque treinta horas se pueden hacer eternas. Hicimos algunas paradas largas que nos permitieron bajar unos minutos del tren y entonces parecía que nos hubiéramos fumado algún psicotrópico.




Era por la falta de aire. El tren estaba abarrotado de chinos, para ir al bar teníamos que atravesar 3 vagones (incluidos los deseados de literas blandas, donde viajaba un grupo de americanos en viaje de fin de curso).


La señora que regía el bar me cogió manía y siempre que me veía me decía con vistosos gestos que estaba cerrado, sin embargo si el que Mael entonces sí que entrábamos. En el bar siempre estaban todos los trabajadores del tren, revisores, camareros y creo que hasta el maquinista.

Había caído la noche cuando llegamos a la horrible y megalómana estación de Lhasa, esa que dicen inspirada en el palacio del Potala. No nos esperaba nadie. Esperamos en la puerta de la estación hasta que el flujo de gente cesó y aterrorizados vimos como nadie nos venía a buscar. Algún alma caritativa se acercó a decirnos que realmente los guías no podían entrar hasta allí, que teníamos que salir más. Efectivamente caminamos dejando atrás a la policía china y allí estaba nuestro guía tibetano, con un cartel grande con nuestros nombres. La verdad es que era bajito y poco agraciado aunque parecía buena gente. Nos ayudó con las mochilas a pesar de que nosotros nos resistimos a estos placeres burgueses y nos llevó a nuestro 4x4 donde nos presentó al chófer que nos acompañaría durante los próximos 14 días. Antes de subir al coche nos colocó alrededor del cuello el típico kata (tira blanca de seda) que los tibetanos utilizan en señal de bienvenida. Hay de diferentes colores pues el color indica la intención (suerte, prosperidad, salud…).

Dejamos la primera impresión que nos causó la capital del Tíbet para el próximo post. Ahora imaginaros a Mael y a mí en aquel 4x4 acercándonos al interior de la ciudad que antaño fue prohibida a los extranjeros, una ciudad ahora demasiado moderna, y esto nos causó sorpresa y tristeza. Luego pasamos junto al Potala, pues nuestro albergue estaba cerca y al verlo iluminado en medio de la noche no pude reprimir unas lágrimas silenciosas, aquéllas que me asaltan siempre que tengo la sensación de tener un sueño tantas veces soñado ante mis ojos, al alcance de mis manos.

lunes, 13 de abril de 2009

VIAJE A PEKÍN-LHASA-KATMANDÚ (DIARIO II)


CAMBIO DE PLANES: AJUSTÁNDONOS A LA REALIDAD. CONCRETAMOS FECHAS Y COMENZAMOS A MIRAR BILLETES DE AVIÓN PARA NO ECHARNOS A TRAS.
El año pasado, cuando viajamos a la India, aprendimos que cuando se viaja por libre a estos países hay que tener en cuenta una serie de cosas:
1- Paciencia como filosofía para todos los días que dure el viaje. Pase lo que pase hay que mantener la tranquilidad a fin de no estresarnos. Estresados no solucionaremos nada, aun lo empeoraremos mas.
2- Viajar disponiendo del máximo tiempo posible. un recorrido planificado para dos semanas puede encontrar dificultades y no te enfrentas a ellas de la misma forma cuando sabes que tus vacaciones se acaban que cuando sabes que dispones de margen (no solo por los inconvenientes que puedan surgir, cuando estas en estas latitudes y de repente miras un mapa y un lugar soñado que siempre habías situado tan lejos de tu casa en el globo terráqueo, ahora resulta que está a un tiro de piedra).
3- Tener en cuenta que el encanto de estos viajes es que por mas que lo planees hasta el milímetro, cualquier cosa puede pasar...y pasará. Cuando te veas en alguna situación incómoda piensa que al final se resolverá, que ese momento pasará...intenta sacar lo positivo hasta de cualquier momento de adversidad...viajamos por libre por estos pequeños inconvenientes que nos obligan a improvisar, a ser flexibles y nos disparan la adrenalina recordándonos que estamos vivos.
4-Por todo ello, hay que llevar preparado un plan B e incluso C. Nosotros (ya transcribiré el viaje a India cuando tenga un rato), habíamos planeado visitar únicamente el Rajastán, sin embargo nos encontramos que desde Agra no pudimos continuar con nuestro viaje pues una tribu local en señal de manifestación contra el gobierno había cortado carreteras y vías de trenes). en el caso que nos ocupa, China, desde el año pasado (los incidentes que ocurrieron al paso de la antorcha olímpica por Tibet) el gobierno puede cerrar esta región a los turistas.
Con paciencia, improvisación, tiempo y el buen humor que nos permita la situación, no existe dificultad que no se pueda superar.
De hecho, cuando comenzamos a diseñar en serio nuestro itinerario parecía que lo mas incierto e impredecible sería la entrada al Tibet. Esto era debido a que:
- Parecía que el gobierno chino exigía a los turistas entrar en Tibet en Grupo organizado y con Guia local.
- Como el año pasado se cerró el Tibet debido a los incidentes producidos al paso de la antorcha olímpica, temíamos que este año pudiera ocurrir algo similar, pues este año, en Marzo, se conmemoraba el cincuenta aniversario de la huida del Dalai Lama de Tibet debido a la invasión de la recién inaugurada China Comunista de Mao.
-Por último, para entrar en el Tibet hay que gestionar un permiso, que si bien en los foros la gente no parece ponerse de acuerdo de si es necesario o no, preferimos tenerlo, pues hay gente que cuenta que incluso han sido expulsados de Tibet por no tenerlo. Incluso se ha de detallar lo que se va a visitar y si quieres visitar algo que no está autorizado en tu permiso no puedes hacerlo. Internet es una buena herramienta pero tanta información contradictoria nos confunde. Concluimos que es probable que la situación del gobierno Chino con Tibet ha hecho que se endurezcan las condiciones para visitar esta región.
Todo parece indicar que este permiso solo se puede gestionar una vez estás en China, de hecho, algunas Guias desaconsejan mencionar que se quiere visitar el Tibet cuando solicitas el visado para entrar en China.
Tras muchos cálculos y tras investigar posibles formas de llegar desde Katmandú (Nepal) a Darjeelin (India), que a pesar de lo cercanos que aparecen en el mapa no están muy bien conectados, concluimos que estamos queriendo abarcar demasiado...si queremos cumplir con las recomendaciones que hemos dado anteriormente tenemos que renunciar a entrar en India. Disponemos de 30 días y desde Pekin hasta Katmandú, sin prisas, tardaríamos unos 25, así que intentar ir hasta Darjeelin (luego hay que ir hasta Calcuta o Nueva Delhi para coger el avión de regreso a España)...total que era ajustar demasiado los días y forzar demasiado la maquina, ya que economicamente quizás no nos lo podríamos permitir.
Para sacar el máximo rendimiento a nuestro dinero (y ya que nuestros trabajos nos lo permiten), optamos, a finales de Diciembre de 2008, en fijar una posible fecha para el viaje fuera de los meses mas turísticos del año que estaba a punto de comenzar. Tampoco podían ser meses muy fríos. A mi me hacía especial ilusión pasar un día 1 de Mayo (día de los trabajadores) en un país comunista. Ismael creía que era la mejor fecha para ir y no vivir grandes aglomeraciones: mayo de 2009.
Con estas premisas amenazaríamos a sondear compañias aéreas para poder encontrar billetes a Pekin y desde Katmandú a precio económico, ya que sabemos que cuanto mas se acercan las fechas programadas para realizar un viaje, los billetes tienden a subir de precio. Una vez concretado esto tendríamos las fechas exactas (adaptadas a los días en que los vuelos son mas económicos) y por tanto nuestros siguientes pasos serían pedir las vacaciones en nuestros trabajos y gestionar el visado para entrar en China.